21.4.08

LOS AÑOS VERDES



Una columna positiva (a pedido de la hinchada) por Rosa María Palacios (*)
La educación pública peruana es estupenda. Está pasando por tan buen momento que compite de igual a igual con los tradicionales colegios privados de Lima. La reforma del financiamiento educativo, la autonomía de los centros escolares, el nuevo equipamiento escolar, la carrera magisterial basada en el mérito y el extraordinario esfuerzo de reclutamiento, capacitación y reconversión laboral de miles de maestros ha sido la clave.
En el Perú rural, en donde la pobreza extrema casi ha desaparecido, junto con la escuela han llegado la salud, la electricidad, el saneamiento, la carretera real y la virtual a través de Internet. El país ya superó la meta de construir más de 1,000 kilómetros anuales de carreteras asfaltadas lo que, además, se ha logrado con bajísimos índices de corrupción.
Los hospitales han logrado ser centros de referencia de casos graves, y los primeros niveles de atención de salud, bien provistos de personal asistencial, equipamiento y medicamentos, resuelven, en cada localidad, el 90% de las atenciones. El 80% de la población tiene alguna forma de aseguramiento. Al igual que con la educación privada, la salud pública está brindando servicios de primera calidad de tal nivel que los seguros privados están contratando con clínicas públicas. Se espera que el seguro sea universal muy pronto. La desnutrición y el analfabetismo ya no existen en el Perú. La mortalidad materno-infantil ha descendido a niveles mínimos.
Las calles y las carreteras son seguras. A tal punto que han caído en desuso rejas, muros, guachimanes y sistemas de alarma y seguridad. Millones de soles han regresado a los bolsillos de los contribuyentes ya que pueden confiar en la seguridad que les brinda el Estado. La Policía es una institución respetada y temida por su rectitud. Las comisarías son centros de atención al cliente interconectados con el patrullaje local que, incluso, interviene de forma preventiva en la resolución de conflictos.
Lima es una ciudad amable con espacios públicos compartidos democráticamente y con un tránsito que ni se siente. El Congreso se reformó en dos legislaturas sin mayores sobresaltos, y el Poder Judicial ha limpiado su carga procesal y la ha reducido modificando radicalmente procedimientos y aumentando el número de jueces en distritos judiciales saturados, entre otras medidas revolucionarias.
El Perú logró hacer todas estas reformas antes de que los precios de nuestras exportaciones se vinieran abajo. Por eso, este año 2011 es, a pesar de la crisis económica que agobia al planeta, un buen año para nuestro país.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

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