7.1.08

REUNIONES BIZANTINAS: GARCIA Y LA TORRE DE BABEL








Una foto que podría hacer el verano por Jorge Bruce (*)
El Perú de hoy es comparable a una personalidad escindida, entre una parte idealizada y otra desvalorizada, lo que se traduce en ánimos erráticos e impredecibles, pasajes al acto y manipulaciones agresivas. Lo anterior viene acompañado por una gran inseguridad interior y eventuales comportamientos autodestructivos. Las personas familiarizadas con la psicopatología habrán reconocido las características de un cuadro limítrofe o border line. Otra de las peculiaridades de estas entidades clínicas es que, según su grado e intensidad, así como la eficacia del tratamiento emprendido -por lo general en una combinación de psicoterapia y medicación- puede tener un pronóstico variable. Así, podemos escuchar voces muy optimistas que saludan el crecimiento económico como un signo venturoso que augura tiempos mejores. Por otro lado, hay quienes ven en este aumento de riqueza crecimiento de la desigualdad y, por ende, de las tensiones sociales. Si alguien detecta en estas dos visiones antagónicas reflejos de la escisión, su olfato clínico es acertado.
Esa brecha social de la que tanto se habló -y ahora se escucha apenas- durante las elecciones, es comparable a esa escisión, uno de los mecanismos de defensa más primitivos y de mayor potencial psicopatológico. Lo contrario a la escisión es, ya sea en el campo personal o en el social, la integración. Cosa inhabitual, una fotografía publicada en diversos diarios, en la que se ve a una serie autoridades en torno a una mesa en Palacio -que suele mirarse con desinterés y aburrimiento, como cualquier acto protocolar-, me ha remitido a una sensación de esperanza. Se trata de la reunión de los presidentes regionales con el de la república y el gabinete ministerial. Si bien es cierto que una foto, como una golondrina, no hace el verano, las declaraciones de los asistentes a la salida de la reunión de más de diez horas, particularmente los representantes de las regiones como Yehude Simon, permiten abrigar un tímido presentimiento de que las cosas podrían estar empezando a cambiar en la dirección integradora.
No faltan razones para desconfiar. Alan García nos tiene habituados a sus gestos y declaraciones inconducentes, ante los que se comporta como Dori, la pescadita de la película Buscando A Nemo, que carece de memoria de corto plazo (a diferencia de Fujimori, que padece amnesia selectiva de mediano y largo plazo). Lo cual le permite contradecirse con desparpajo, practicando lo que Walt Whitman llamaba las sinceridades sucesivas. Pero esta vez se ha comprometido ante un conjunto de dirigentes -algunos tan afiatados como Guillén, Huaroc o el propio Simon- que no le van a dejar salirse con la suya tan fácilmente como el Congreso o el gabinete ministerial. Estos deberán dar cuenta de los avances ante su electorado, que trasladarán al poder central... si este no cumple sus compromisos descentralizadores. A su vez, esto obligará a dichas autoridades a desempeñarse con eficiencia en sus respectivas regiones, privados de la excusa de la centralización limeña. En suma, un círculo virtuoso cuyos resultados serán revisados en la próxima reunión trimestral, pactada para marzo. Ojalá que no sean los idus de marzo: en principio era una fecha de buenos augurios en el imperio romano, pero terminó siendo aquella en que Julio César fue asesinado, pese a que un invidente se lo había advertido. Pero el César se rio y siguió caminando hacia el Senado. Estaremos atentos al final del verano.



(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

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