15.10.08

GUSTO POR LA CANDIDEZ







Hermosas mentiras
Ramón Reig

Es tranquilizador leer y escuchar a los medios de comunicación cuando tratan sobre la famosa crisis que ya empieza a ser como Dios: nadie la ha creado, es sólo el efecto de algo que se ignora o que se desea que se ignore; es un fenómeno per se y no per alio, con personalidad jurídica propia, una especie de ente abstracto sin causa, sin principio pero con final feliz. Los medios de comunicación influyentes están todos vinculados de forma directa o indirecta a los bancos, de manera que están cogidos por sus partes bajas y no son absolutamente fiables. Dos de los bancos compradores tienen desde hace tiempo estrechas conexiones mediáticas: Paribas y Santander. No hay peligro para los contribuyentes, las chorizadas de unos y otros (nadie detenido, nadie acusado de nada, al revés, en su casa, millonarios) no pondrán en peligro los ahorros de los ciudadanos de a pie que vivimos la dictadura de unas instituciones opacas y por desgracia ya imprescindibles como son los bancos. En cierta ocasión el director de una sucursal del Deutsche Bank –otra entidad con intereses mediáticos- estaba poniendo verde a los paraísos fiscales. Y cuando le dije que eran ellos quienes orientaban sobre cómo meter el dinero en esos basureros se indignó conmigo. Pobre “pringao”.
Lo de asegurar con 20.000, 50.000 ó 100.000 euros los ahorros de los contribuyentes es una hermosa mentira. Si un banco nos impidiera acceder a nuestro dinero en plan “corralito argentino”, ¿quién nos lo iba a dar, el Estado? Sí, claro, pero, ¿cuándo? ¿Cómo? ¿Acaso no sabemos cómo funcionan las cosas de Palacio? Probablemente en esta ocasión se dieran prisa para que no se produjera una parálisis general pero lo cierto es que estamos en las manos de unos señores que sabemos que mienten como bellacos, lo han demostrado de sobra, y no nos queda más remedio que resignarnos a lo que venga, si bien yo metería debajo de una loseta un fondo de garantía doméstico por si acaso. A los bancos que les pagara la madre que los parió pero para comer que no faltara.
Tenemos que tragarnos hermosas mentiras de todo tipo porque nadie nos va a decir la verdad. Ahora es cuando hacía falta una alternativa de izquierdas auténtica, no los señores de la derecha tradicional ni los mayordomos de la derecha sonriente y cómplice. Pero la izquierda –como fuerza internacional- se ha hundido en sus miserias, chupa del bote del sistema que cuestiona y está a verlas venir. Mi colega el profesor Antonio Checa lo decía hace poco en El Mundo: estamos solos. Los análisis que se hacen de la crisis son siempre superficiales, procedentes de apóstoles del propio sistema, los que dejan hablar los medios del sistema, los que se saben el guión y son conscientes de hasta dónde deben llegar con sus argumentos. Estamos en una dictadura perfecta donde se ha eliminado en la práctica a la disidencia y donde ella misma se ha suicidado cayendo en un complejo de inferioridad absoluto y aplicándose aquello de “para dos días que vamos a vivir, a chupar del bote”.
En el interior de no pocas de esas organizaciones que se llaman de izquierdas –y me refiero ahora a ciertos elementos indeseables de Izquierda Unida, en España- medran unos sinvergüenzas corruptos que no tienen donde caerse muertos y que, por eso mismo, le cortan las alas a cualquiera que se acerque a recordarles que es la honradez, la empatía y la transparencia lo que diferencia a la izquierda de la derecha. Han convertido su ideología y su organización en un puesto de trabajo que esperan sea vitalicio y para ello no dudan en pactar con el diablo mientras quitan de en medio a los militantes más competentes y sabios. Es el triunfo de la mediocridad absoluta, del clientelismo y del servilismo, siguiendo la misma línea que sigue cualquier organización cerrada y sectaria, o sea, siguiendo la línea que hoy impera en nuestra sociedad. Por eso estamos solos frente a los delincuentes de las finanzas cuyas tropelías tratan de tapar sus amigos con el dinero de todos y haciendo la vista gorda a lo que han hecho. Ahora se regulará mejor el sistema financiero por la cuenta que les trae a los mismos dueños de este cotarro, es decir, ellos regulan sus propios atropellos y les dicen a sus colegas lo de: “Oye, macho, te has pasao”, pero nada más, acaso algún cabeza de turco para disimular y ofrecérselo como sacrificio a la plebe con el fin de demostrar que la democracia funciona. En unos años volverá a surgir otra crisis parecida a ésta porque la ambición destructiva y la inmadurez no pueden regularse y en eso se basa el contexto en el que vivimos.
Nadie habla de una nueva ética, de avances profundos y esenciales en el enfoque de la vida en general, de más protagonismo del Estado no sólo para tapar miserias sino para defender la dignidad y la formación cultural y espiritual de sus administrados ante el terrorismo de corbata y de cuello blanco. No hay izquierda porque quienes dicen representarla están metidos en la mierda y no dejan respirar ni hablar a sus disidentes. La Iglesia sigue condenando el dinero ante el cachondeo general. Los ecologistas nada tienen que aportar porque siempre han sido monigotes de unos y otros; el movimiento feminista no dice ni pío, va a sus pamplinas, a sus “miembras”. ¿Qué dicen las mujeres ahora? ¿Dónde está esa diferencia con el varón? El lenguaje de las que tienen poder no se diferencia del de cualquier hombre que las haya subido ahí: cuidan bien de no ofender a su señor pero para este viaje no necesito tanta idiotez feminista. ¿Y los gays y las lesbianas? ¿Qué dicen? ¿Dónde está la alternativa? ¿Dónde está el otro mundo que es posible? ¿Tienen algo que decir o van a ofrecernos como alternativa el día del orgullo gay que consiste en hacer el ridículo por la calle dándose besos en la boca y enseñando músculos y disfraces grotescos?
Cuando se llega a una edad las mentiras se sienten como puñaladas pero se resigna uno ante ellas porque no se le pueden pedir peras al olmo, es decir, no se nos puede exigir que seamos lo que no somos aunque queramos ser lo que no somos en una dinámica mental que no es más que una especie de accidente evolutivo, por ahora. E intenta uno ver la cara positiva de la mentira, su teórica belleza. En el canal de televisión “Somos” –que los progres creen “casposo”, sin saber que de todo se aprende- puedo observar el cine español que nunca vi en su momento. “El padre Pitillo” tocando el violín mientras sus feligreses, emocionados, cantan “Venid y vamos todos con flores María”, o algunas películas de Alberto Closas, son hermosas mentiras también pero su candidez tapa la hipocresía que se encierra en las mentiras que ahora me rodean y que me llegan vestidas de democracia y en su nombre.

(*) De Rebelión
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