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12.11.08

VICIO ADSL





Exceso de pantalla
por Fernando Maestre (*)

Si me preguntan cuál es la mayor virtud que tienen los hombres del mundo actual, no dudaría ni un instante en decir que la comunicación y el vínculo humano entre ellos. Es que, gracias al prójimo y a aquellos que nos acompañan en el diario vivir, nuestra personalidad crece, se enriquece y avanza por el efecto que producen sobre nosotros la mirada, la sonrisa y la palabra de quien nos acompaña. Por eso, en la nota de hoy haremos una reflexión sobre cuáles son los efectos de las pantallas (teléfono celular, televisión, computadora, etc.) con nuestros vínculos y relaciones, pues compiten permanentemente. Cuando esto adquiere la categoría de exceso, podría ponernos a las puertas del poco conocido mal 'deshumanización de la persona’.En efecto, el mundo hipercomunicado en el que vivimos nos ha obligado a aprender un nuevo idioma: el ciberidioma. Los adultos ya entrados en algunos años tenemos dificultad en entender, mientras que, para los niños y jóvenes, este léxico nuevo les genera gran curiosidad y ansias de dominarlo. Las pantallas se vuelven para los jóvenes en algo más importante que los vínculos interpersonales. Las consultas de los padres por este problema son cada vez mayores. Cuando los muchachos son examinados, encontramos siempre una tríada de síntomas que son preocupantes. Lo primero que nos cuentan los padres es que sus hijos prefieren la comunicación impersonal con sus amigos a través de la pantalla, donde no se ve ni la cara y ni se escucha la voz, puesto que la mayoría de la comunicación es por chat, sin el efecto benéfico de la observación del rostro de quien nos habla. Segundo, los jóvenes van sufriendo un efecto de adicción a este tipo de vínculo. Algunos prefieren estar conectados a la pantalla por más de seis horas al día haciendo de todo, de manera virtual, no humano, como pueden ser los jueguitos, los equipos de personas que compiten en una guerra eterna contra enemigos imaginarios. A través de estos juegos desarrollan y ponen en práctica sus más 'preciosos’ instintos de matar, entre otros.Tercero, se alejan de grupos de amigos, de trabajo y de estudio. La preocupación de los padres pasa porque ellos constatan que prefieren estar frente a la pantalla que con una enamorada o participando de distracciones interpersonales en alguna actividad cultural. Por ello se les recomienda a los padres que procuren no abandonar a sus hijos a su propia suerte dejándolos frente a la pantalla. De preferencia, estos aparatos deberían estar en el sitio común de la casa, en la sala o comedor. Hay que evitar que cada cuarto tenga su computadora, pues quebrará totalmente el espíritu de la integración familiar y los jóvenes transitarán hacia la 'deshumanización’ de los vínculos.

(*) Diario Perú21
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5.11.08

FERNANDO MAESTRE X DOS (*)













La frustración
Este artículo puede no gustar a mucha gente porque va contra la corriente de la opinión que circula en el mundo. En efecto, al considerar que en la vida todo es magnífico, que el sufrimiento debe ser desterrado y que las frustraciones 'enferman a las personas’, pueden sentir que es una antipatía soltar un escrito donde se sostenga que sin frustraciones no es posible terminar de desarrollar la personalidad. Una afirmación como esta tiene mucho de verdad siempre y cuando se entienda bien.Desde que vio la luz, el ser humano se ha visto obligado a avanzar atravesando valles de frustración y dolor, pues el crecimiento solo se puede conseguir si uno aprende a levantarse tras las caídas. Solo así se alcanza la meta de la madurez. Pues bien, cada etapa que uno avanza, por ejemplo, salir de la casa para ser dejado en un nido para bebés, ya es una primera frustración que le genera al niño rabia, cólera y deseos de volver con la madre, hasta que, finalmente, se adapta a esta nueva vida.Este ejemplo podría repetirse prácticamente en cada momento de la vida, más aún en las primeras etapas, en las que el crecimiento infantil es realmente acelerado. Así se producen frustraciones cuando el bebé pierde la lactancia materna, cuando tiene que dormir en su propia cuna, cuando tiene que acostarse a la hora que le dictan los padres o cuando estos les ponen freno a los excesos del postre que no está dispuesto a renunciar. La lista sería interminable siendo lo cierto que crecer significa hacer callos en las rodillas, aprendiendo a conformarse con los cambios de la vida.Las frustraciones domésticas tienen una utilidad marcada siempre y cuando se realicen sin ánimo de venganza contra el niño y sin deseo de ponerlo rabioso, sino cuando los progenitores comprendan bien que el único modo que tienen para que el menor avance en su culturización es que se despida, con inevitable dolor, del terreno en el que se sentía muy bien. Producto de estas frustraciones, el niño desarrollará algunos procesos mentales y aumentará su capacidad de pensar y razonar. Igualmente, la frustración disminuye el narcisismo y reduce la arrogancia infantil hasta que llega a ocupar un lugar de aceptación del nuevo modo de ser. También vemos que las frustraciones son un modo inicial de superar el complejo de Edipo, pues no hay mayor dolor que aceptar que la madre no es de total propiedad. Además, aumentará la capacidad del niño de encontrar una lógica en aquellos sufrimientos que él no buscó y con los que tiene que convivir. Por eso hay que pensar bien antes de seguir la corriente de la sociedad de consumo actual, que propicia 'vivir plenamente ahora’, lo cual es una manera de empujar a la frustración para el futuro y evitar, así, encarar los problemas en el momento en que surgen.
Abusadores sexuales
Ya estamos hartos de oír sobre los niños abusados, jóvenes violadas y, en algunos casos, los niños muertos previo ataque sexual por el abusador. Hasta este momento, lo que sabemos es que las leyes están cayendo con todo su peso y severidad sobre aquellas personas que han sido declaradas culpables de este tipo de actos, pero, pese a la severidad de la pena, los casos continúan sucediendo, al parecer, cada vez más. Las preguntas son obvias: ¿Por qué hay tanto violador ahora? ¿Son los padres quienes descuidan a sus hijos? ¿Por qué no se quejan los niños a tiempo? ¿Participan los niños de la actividad sexual con muchachos mayores? Finalmente, ¿qué está sucediendo con la sexualidad de los niños en estos tiempos? La sociedad siempre ha tenido la tendencia de negar el hecho de que los niños son seres sexuales y, por tanto, son sensibles al tocamiento de los abusadores. Esta es la principal razón de por qué ellos se callan y no hablan del abuso al que están siendo sometidos. Los adultos creemos que los niños tienen tal grado de inocencia que son incapaces de diferenciar un juego de un toque con intención masturbatoria, y muchos pedófilos se aprovechan de esta creencia para abordar a un niño creyendo que es un 'ángel de inocencia’, cuando en realidad es un ser muy sensible que ya conoce cómo vibra la zona erógena de su cuerpo y que, en algunos casos, llega a participar con otros pequeños de estos tocamientos.El problema reside en que la sociedad está dirigida a crear un fenómeno de sexualización muy precoz en niños y niñas. Los diarios, las revistas, la pornografía, la televisión y, sobre todo, la Internet, son medios que desde el primer año de vida ya están sensualizando a quienes consumen estas páginas. Entre ellos, sin duda, están los niños y los adolescentes. Así, hemos visto cómo menores de 10 u 11 años tocan impunemente a niñas pequeñas o adolescentes que no se frenan ante cualquier menor incauto que se les presenta.Estos jóvenes abusadores, cuando eran niños, fueron víctimas de toda la información distorsionada que les llegó o que ellos mismos buscaron. Más aún, todos sabemos que la Internet es, fundamentalmente, el mayor estímulo para que los niños y jóvenes entren a la hipersexualidad, puesto que las páginas sexuales que visitan invitan a la participación, ya sea a través de correos, blogs o sitios de encuentro. Los pedófilos han crecido tanto que muchos, a los pocos días de detenidos, salen libres. La solución no es aumentar las penas. Tenemos que detener la ola de sexualización perversa que hay en el mundo. Los niños son grandes consumidores de 'pantallas’. Por ello, nada debe verse en su casa sin su autorización.

(*) Diario Perú21
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30.10.08

EVIDENTE VACÍO




La autoridad


por Fernando Maestre (*)
Hace unos meses escuché un relato que me escandalizó. Un padre había enfrentado a su hija de 15 años prohibiéndole que saliera esa noche porque no aceptaba que lo hiciera, hasta tarde, con el grupo de amigos que pretendía. La hija se encaprichó y presionó, sin éxito alguno, para que el padre accediera y le facilitara la licencia a salir. Acto seguido, la muchacha le dijo: “Mira, papá: no eres mi dueño, yo soy independiente y libre, no me puedes encerrar porque tengo mis derechos, y si me golpeas o me maltratas, juro que te denuncio ante la policía y ante el juez de familia”. Acto seguido, la hija se dirigió a la puerta y se fue sin el permiso paterno.En una columna anterior había manifestado que la autoridad de los padres había caído en saco roto; que hay muchos jóvenes que, amparados por las leyes que los protegen, y sobre todo por el poder que tienen de saberse intocables por ser menores de edad, adoptan posiciones de extrema sobrevaloración ante la imagen de los padres, quienes no saben cómo actuar. El problema radica en que los jóvenes creen que solo tienen leyes y derechos para su propio beneficio, y quieren olvidar que también poseen obligaciones morales ante sus padres que tienen que cumplir, y que, por lo general, no lo hacen ya que los padres no se sienten con la capacidad de imponerles su sistema educativo pues, en el fondo, dudan si los jóvenes están obligados a obedecer.El problema lo entendemos como doble: por un lado lo ubicamos en la rebelión y dominio que los hijos de hoy quieren tener sobre sus padres, a los cuales les mienten, y terminan haciendo sus caprichos; por otro lado, la figura paternal ha decaído como el sujeto que encarna la ley y el orden dentro de la familia. Los hogares tienen miedo a los hijos y a sus reacciones, las cuales pueden llegar a ser verdaderamente peligrosas. Así, en algunos casos ellos sienten que pueden pasar por encima de los papás y con derecho de transgredir la ley y las enseñanzas familiares.Encontramos hogares donde los padres viven con la angustia de pensar que sus hijos pueden crear un conflicto que arrase sus vidas y los ponga en aprietos. Estos miedos paternos están fundados en que los jóvenes de hoy han perdido los límites y los padres temen que los hijos se fuguen de casa, que las hijas salgan embarazadas o los hijos embaracen a una chica y, finalmente, temen perder el amor de sus hijos, lo cual los paraliza. La falta de autoridad paterna no solo trae gravísimas consecuencias para la vida del adolescente, sino también para la sociedad. Un padre maniatado y amordazado por el ímpetu de su hijo solo genera una sociedad sin límites, marcada por el principio de placer y hundiendo el de autoridad, porque este vacío de liderazgo recaerá en el futuro de la colectividad.

(*) Diario Perú21


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25.9.08

FIGHT CLUB




NO LLEVARSE BIEN
por Fernando Maestre (*)

Creo que la pregunta que más personas me formulan es: ¿Cómo puedo hacer para llevarme bien con mi pareja? Por supuesto que la pregunta también se puede extender a llevarse bien con amigos, el jefe, la suegra, en el trabajo o en otra situación. La preocupación por llevarse bien es genuina, y es absolutamente cierto que las personas de lo que más padecen es de las tensiones creadas por dos lenguas discutiendo sin cesar, siendo así incapaces de organizar sus vidas en paz y armonía pues, cuando uno menos lo piensa, se corre el riesgo de hacer surgir un huracán de pasiones que tira por la borda todo el esfuerzo hecho en pro del equilibrio. La causa de este detrimento en las relaciones tiene varios ángulos: el primero a considerar es el secreto placer gozoso e inútil que tiene la verborrea, la incapacidad de poner un freno a la lengua y embarcarse en una discusión que solo sirve para deleitarse con un discurso con aspiraciones de convencer. Cuando se dice “la gente discute por gusto” se suele tener razón, pero por el profundo doloroso placer que genera el mover la lengua hasta agotar o 'derrotar’ al otro, quien, en el mejor de los casos, termina “picón” y con ganas de continuar.Cercano al primer punto está la incapacidad de guardar silencio y mantenerse con la boca cerrada. Basta que sintamos que el otro roza un argumento distinto al nuestro para que surja en nosotros el impulso irrefrenable de querer contestar todo en el instante. La pausa silenciosa, que es tan enriquecedora, cae derrotada, y en vez de disfrutar de ese silencio voluntario que nos traerá tiempo para pensar mejor las cosas, tiempo para que se serenen nuestras pasiones egoístas, es desarmar al contrincante, pues se quedó sin nadie con quién seguir la pelea, la respuesta abrupta e imperfecta seguirá azuzando los huracanes verbales que pueden hacer trizas los nervios. Otro error es querer comprender todo lo que nuestro prójimo ha dicho de nosotros. Esta pretensión es tan absurda como intentar saber todo lo que piensa tu marido, o qué pasa por la cabeza de tu hijo cuando levanta sus hombros y te lanza un “papá, estás en otra onda”; tal vez cuando tu mujer te dice, levantando la ceja izquierda, “con que te vas a trabajar ¿no? Que... te... divier... tas”, puede bastar, esta dudosa insinuación, para que se inicie un divorcio. Llevarse bien con tu prójimo significa, al menos, no caer en ninguno de estos errores.Si discutes sobre un tema que tu vecino no acepta, cuanto más discutas será peor. Si no aprendes a guardar silencio más a menudo, cada vez pensarás peor e impedirás que en ti surja la duda, práctica que es fantástica ya que te dará sabiduría.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

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13.8.08

EL GUSTO POR LA AGONÍA






El padecer placiente


por Fernando Maestre (*)


Sufrir es algo de lo cual nadie puede liberarse. Esta condición humana se encarna en un ser tan frágil que bien podíamos decir, siguiendo a Heidegger, que el ser y la nada son lo mismo. Sin embargo, para nadie es una sorpresa que, aunque estemos abatidos por una desgracia o sufrimiento, no suelen faltarnos los recursos como para buscar una salida y detener el padecer. Mucha gente que está enredada en dolores y en agonías sociales, lejos de buscar curación, insiste en sufrir. El ejemplo de Héctor no es extraño. Profesional, que hasta hace unos meses tenía una vida sin perturbaciones, ahora –producto de esos amores que se sostienen más a base del dolor que del placer– está cerca de una crisis. Su pareja lo desespera, lo engaña. Desaparece de su vida tantas veces quiere, para luego volver a buscarlo. Pero Héctor insiste en el vínculo por más que sus familiares le suplican que termine o por más que los amigos de la oficina le hacen bromas para disimular lo preocupados que están por lo mucho que padece. Pero él, terco, insiste en continuar la relación.Estos casos nos llevan a preguntarnos cuál es el juego inconsciente que hace que una persona inteligente no encuentre la ruta para dejar de padecer. Es ahí donde tenemos que volver la mirada a los pioneros del sicoanálisis, quienes nos advierten de algo que no es fácil de ser entendido con claridad. Se trataría de la existencia de placeres y goces que no están en relación con lo erótico ni con lo sexual. Existiría un extraño placer basado en el dolor, en el sufrir y en llenar la vida de una alta tensión emocional que, lejos de provenir de una zona erógena, proviene de la tensión psíquica (adrenalina) que el dolor genera.La vida de muchas personas gira alrededor del dolor. El sufrir permite que se organicen fantasías de omnipotencia, tales como pensar que “cuando descubra cuánto la quiero, se dará cuenta y cambiará”; “mi amor por ella es más fuerte que su desdén”, o también: “Ella tiene que saber que lo mío es eterno”. El mundo está lleno de experiencias que nos llevan por rutas de agonías gozosas constantes; si no, ¿por qué uno bebe hasta la cirrosis?, ¿por qué se mata la gente en las carreteras por exceso de velocidad?, ¿por qué salta del puente con una soga amarrada a la cintura?, ¿por qué permanecemos en trabajos esclavizantes o se sigue con parejas torturadoras, o se vuelve víctima de sus hijos? La respuesta es clara: sufrimos voluntariamente porque también estamos regidos por el efecto excitante del padecer, sobre todo cuando padecemos por otro y para otro. La salida es aún más peculiar: dado que no podemos dejar de sufrir, hemos de intentar encontrar un sufrimiento que nos entretenga, pero que sea menos penoso.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

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6.8.08

MALOS HIJOS



La sociedad parricida


por Fernando Maestre (*)

Hasta hace muy poco, lo que leíamos en los diarios solía tener que ver con los tremendos abusos que los adultos cometían con los hijos, siempre bajo el pretexto de hacer que se porten bien. Hasta los años 70 vivimos en una sociedad en la cual había que ponerles freno a los padres para que ellos no se excedieran en los métodos correctivos que aplicaban a sus hijos, pues bastaba una mala nota, una falla en la obediencia o, incluso, un tono de voz que no correspondiera al modo como se debería de dirigir uno a los padres, para que el joven sufriera una serie de castigos que se aplicaban con el ánimo de que el hijo cambiara de actitud y entrara por la ruta de la obediencia a los mayores. Detrás de estos métodos correctivos de aquella época se escondían las más finas y sutiles tendencias agresivas, envidiosas y violentas contra los hijos. La intención de corregir a su hijo caía en un segundo plano, pues lo que primaba era la sed de una ferocidad sin límites contra los niños. Aún se siguen presentando casos en pueblos aislados del país, donde el patriarcado es omnímodo y no solo incluye palizas sino también abusos sexuales de los más variados. De tanto predicar que los niños tienen derechos, que son intocables, inviolables, que no pueden ser maltratados y que la educación moderna consiste en dejarlos participar en conversaciones junto con los adultos (hecho que hace 40 años era impensable), por más que los pequeños resulten majaderos, se ha invertido la dinámica de la casa hasta el punto de que ahora quienes mandan en muchos hogares son los menores de edad. Veamos algunos ejemplos. Un niño primer hijo, primer nieto, primer sobrino de cuatro años, supermimado, dueño de la voluntad de todos en la casa, cuando supo que iba a nacer su hermanita, decretó que la bebé no habría de permanecer en casa pues él era el único príncipe que podría reinar en las cuatro paredes de su hogar. Aunque parezca mentira, luego de nacida, la bebé tuvo que ser evacuada a la casa de una pariente porque el “pequeño príncipe” de cuatro años estuvo a punto de matarla si no desaparecía. Otro caso increíble fue aquel de una niña que obligó a su papá a salir de la cama conyugal para que pasara a dormir a un cuarto pequeño de la casa, mientras la pequeña dormía plácidamente con la madre todas las noches. Uno más como prueba: un joven de 16 años, al ver que su madre no le quería dar dinero para que se lo gastara en las máquinas tragamonedas, la golpeó y le produjo fracturas en nariz, clavícula y radio. ¿Algo más? Sí, el hecho no fue denunciado por el miedo de los padres de que le pudiera pasar algo a su hijito. Nos enfrentamos a una sociedad violenta donde una de las víctimas más silentes y sufrientes suelen ser los padres, donde tenemos que empezar a pensar que debería haber leyes que protejan a los padres de los hijos.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

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30.7.08

EL ENIGMA DEL DESEO







La anoréxica y su deseo

por Fernando Maestre (*)


Cuando hemos oído hablar de una mujer anoréxica, se nos ha venido a la mente la siguiente pregunta: ¿Tendrá hambre la anoréxica? ¿Se verá realmente flaca? ¿Por qué vive pensando en la comida? ¿Ama la comida, la odia y, por eso, la rechaza? El tema del deseo en las pacientes que presentan este tipo de alteración es fundamental, no solo para entender por qué una mujer puede llegar a rechazar la comida, al punto de dejarse morir antes de aceptar comer algo que, en su alterada mente imaginativa, puede tener calorías o hacerla engordar, sino también porque, al descifrar el enigma del deseo, habremos puesto el primer pie en la posibilidad de una terapia inteligente de la anoréxica. Para entender qué es lo que ha sucedido con los deseos que normalmente tienen los seres humanos en relación con la comida, veamos dos verdades. La primera es que la anorexia siempre está relacionada con un conflicto con la figura materna. La segunda es que, en toda niña pequeña, el deseo principal que tiene es saber que su madre la ama, que ella es el ser más importante del mundo para su mamá y que sus demandas de amor son entendidas por su madre y respondidas, en la medida de lo posible, de manera satisfactoria.Teniendo en cuenta esto, podemos entender cuál es el camino que recorre el deseo de una niña pequeña en relación con su madre hasta llegar a volverse anoréxica. La primera estación ocurre cuando, por alguna razón, que puede ser la falta de emotividad o, tal vez, la incapacidad de entender aquello que le pide la hijita, la mamá, en vez de percibir que su hija necesita sentirse amada, así ella se lo manifieste de modo constante e intenso, confunde el pedido. Cree que le está demandando otra cosa, no entiende el deseo de su hija y, como respuesta, en vez de amor… le da comida. Es en tal circunstancia donde la hija se siente embutida por una papilla asfixiante, que ella recibe para calmar su amor cuando, en realidad, solamente logrará engordarla en la niñez. Es por eso que muchas mujeres anoréxicas siempre fueron niñas gorditas sonrientes y obedientes.Una vez que la joven llega a ser una adolescente, descubre en su inconsciente que la comida y la grasa han sido en su vida una trampa y un terrible engaño a sus anhelos de amor. Un señuelo que recibió de su madre en vez de amor. Ahora desarrollará un odio furibundo y una ira incontenible a todo lo que es grasa, comida, calorías, gordura, pues ello le representa lo que le dieron y que jamás pidió.El alimento no solo sirve para nutrirnos, sino que también es un objeto investido del deseo amoroso que todo parroquiano le pone. En la comida volcamos tanto amor como odio. La anorexia es el trastorno que nos grita ODIO LA COMIDA PORQUE CON ELLA ME ENGAÑARON, me embutieron comida y me quedé sin el amor de mi madre.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

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23.7.08

BUSCANDO A LA SEÑORA LIBERTAD





Somos libres

por Fernando Maestre (*)

Cada vez que se acerca el cumpleaños de la Patria tenemos emociones contradictorias sobre la tierra que nos vio nacer, sus hombres, sus gobernantes y su futuro. En vísperas de las celebraciones, regresa a la mente nuestra historia y, con ello, las dudas sobre si alguna vez seremos un pueblo desarrollado o continuaremos deambulando por la ruta que nos lleva siempre al mismo punto de partida.Aunque exista una declaración de independencia, y sobre ella una serie de reiteraciones que nos recuerdan que “somos libres”, no lo somos en la medida en que lo soñamos. No lo somos porque los seres humanos que tienen que labrar nuestra libertad (todos nosotros) estamos segmentados por la incapacidad de llevar adelante nuestras ideas, pues el inconsciente se nos impone y terminamos desviando el proyecto libertario. La libertad es una quimera solo alcanzable parcialmente. Cuando decimos “yo soy el que opino”, en realidad, es el otro dentro de mí el que opina y las ideas de dicha opinión pueden ser de un otro que me habita. Cuando decimos “yo te amo con toda el alma”, ¿será verdad que “yo soy el que estoy amando”? o ¿será el resultado de una obsesión sexual que me hace creer que amo o que mi mente está distorsionando al ser que tengo frente a mí , que de esplendor no tiene mucho, siendo lo que percibo un simple imaginario que distorsiona mi percepción?En nuestro querido Perú también sucede lo mismo. Declamamos que “amamos a la patria y que la haremos progresar”, pero a la hora de la verdad, pensamos movidos por intereses que nada tienen de auténticos o veraces. Recordemos cómo nuestro actual presidente marchaba a la cabeza de la huelga de la CGTP, en el 2004, convertido en un paladín de los más necesitados, pero ahora, cuatro años después, cuando la CGTP le hace una huelga, no duda en apelar a la imagen de Vladimiro para que lo salve del paro. Tampoco somos libres de transitar por nuestras carreteras. No somos libres de viajar con seguridad en los ómnibus interprovinciales. No somos libres de usar nuestros aeropuertos, pues, cuando menos esperamos, están tomados. No somos libres de la inflación, pues en los dos gobiernos del presidente García se le escapa la inflación en su segundo año. No somos libres de soñar que podemos tener una atención en salud eficiente y al alcance de todos. No somos libres de dialogar con la cultura, de liberarnos de las amarras de la burocracia, de la delincuencia que no cesa, de pasear libremente por las calles y parques sin sentir temor a que nos secuestren o maten. Menos mal que sí somos libres de, cuando menos, renegar y permitir que pase esta nota sin represalia. Pese a todo, ¡FELICES FIESTAS PARA TODOS!

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

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16.7.08

EL TRABAJO DEL INCONSCIENTE



Los sueños y las pesadillas

por Fernando Maestre (*)

Los sueños son manifestaciones plenas de sentido que nuestra mente genera con el fin de satisfacer un deseo o resolver un problema. Nuestra economía psíquica funciona bajo el principio de no realizar ninguna actividad que no tenga sentido, es decir, no gastar energía por gusto sino con una cierta intención. Los sueños no estarían exentos de dicho principio. Soñar sin una lógica o por casualidad sería un sinsentido de los principios del aparato psíquico.Esto permitiría un pleno entendimiento cuando se trata de sueños placenteros o en el caso de sueños indiferentes que, aparentemente, no nos dicen mucho. Pero en el caso de sueños de angustia o de terror, que nos dejan siempre con una alteración emocional, deberían tener otra explicación, la cual intentaremos abordar.Los sueños son siempre personales. Por ejemplo, soñar con las cálidas aguas de Punta Sal no significa lo mismo para un joven que para una dama. El sueño tiene un mensaje por descifrar que es único, personal y no equivalente al anhelo de otra persona. Por ello, no resultan prácticos los diccionarios de los sueños como tampoco la interpretación aislada de signos de los mismos.Una de las características del proceso onírico es que, aquello que recordamos de lo soñado está siempre camuflado, con un disfraz que le da un sentido oculto. Las manifestaciones de las escenas que se nos representan en la mente siempre son el resultado de un proceso de disimulo, de un fenómeno de distorsión con el fin de que lo soñado jamás presente un rostro obvio ni claro que permita adivinar al soñante cuál es el verdadero sentido de un sueño.Si es cierto que detrás de un sueño siempre hay un deseo prohibido por realizar, ¿cuál sería el fenómeno del sueño de angustia? ¿Dónde estaría el placer en el hecho de soñar con nuestra muerte o con una persecución o con la desaparición de un hijo?El principio de la existencia de un deseo prohibido también sería válido para estos sueños, pero bajo diferentes caretas o máscaras. Una explicación es la de encontrar un placer en el castigo que padecemos en una pesadilla. De esa manera, satisfacemos a nuestra voz de consciencia que nos pasa una factura por alguna transgresión que el día anterior hemos hecho. Otra razón que explica la pesadilla tiene que ver con un deseo directo, pero prohibido. Por ejemplo, soñar que estamos llorando a mares la muerte de nuestro abuelo, a quien amamos mucho, puede ocultar un anhelo egoísta (y prohibidísimo) de heredar y, a la vez, de ser castigados en el sueño por tener esos deseos. Hay que hacerle caso a los sueños y, sobre todo, escribirlos o contarlos a alguien que tenga interés en escucharlos. Contando el sueño, y teniendo en cuenta que la pesadilla puede ser expresión de algún sentimiento de culpa que nos está llevando a construir ese sueño de horror, podremos aprender cómo funciona nuestra mente.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21
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9.7.08

ENTENDER LA CAUSA




La utilidad del síntoma

por Fernando Maestre (*)

Ya lo dijo S. Freud: de una manera u otra todos tenemos algo de neuróticos. Al decir eso, quedó sentado que todos tenemos algún síntoma que nos acompaña por períodos de nuestra existencia. Los síntomas que más se conocen son producto de una enfermedad del cuerpo: fiebre, vómitos, tos, diarreas, que, de una manera u otra, informan que algo mal está sucediendo con nuestro cuerpo. Igualmente, la mente humana produce síntomas que son propios del aparato psíquico que pueden ser de cierta utilidad para el hombre cuando entendemos su mensaje.
Los síntomas psíquicos no están ahí para molestarnos, son resultado de una transacción mental complicada. Cuando nos encontramos con la angustia, ella está presente no para mortificar a quien la padece sino para advertirnos de la presencia de algo extraño que nos amenaza. Por otro lado, la depresión la podemos entender como la pérdida de alguien o algo que para el sujeto era de suma importancia y que ahora está ausente. A veces, el camuflaje del síntoma es tan perfecto que no sabemos qué es lo que hemos perdido, y menos por qué era tan importante para nosotros.
En la práctica, los síntomas suelen ser tomados por muchos como si se tratara de un enemigo al que hay que eliminar a cualquier precio. Muchas veces tomamos pastillas al primer signo de estar mortificados, cuando en realidad hay que entender esto como un mensaje cifrado que trae una valiosa información. El tratamiento no es para quitar los síntomas sino para descubrir lo que subyace y comprender cuáles son las causas. Un buen ejemplo de esto lo constituyen los síntomas fóbicos, los cuales demuestran cómo trabaja la mente para formar una miniorganización perfecta que tiene un fin excepcional.
Muchas veces el pánico a los aviones, la claustrofobia a ciertos espacios muy cerrados o a la presencia del aleteo de un ave es el resultado de un trabajo inconsciente para que la mente del paciente esté ocupada pensando en las aves y así evite pensar en el verdadero problema, como podría ser (frente a la fobia del ruido que produce el aleteo) procurar no recordar el ruido que producía la cama de los padres, cuando él era niño, y estos se encontraban en una amorosa relación sexual que el niño oía y entendía con terror que, ahí adentro de la alcoba, algo estaba pasando con su querida madre.
Por eso, al síntoma hay que entenderlo. No es recomendable que las personas se automediquen con el fin de eliminar la más mínima molestia. Dormir con pastillas, abusar de los ansiolíticos, encerrarse en su cuarto por miedo a la calle, y evitar los ascensores no resuelve las cosas.
La actitud frente al síntoma debe ser siempre la de investigar su causa, de entender qué es lo que lo provocó. Solamente con esa mentalidad el síntoma desaparece.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.


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2.7.08

EN BUSCA DE LA FELICIDAD (PARA VARIAR)






Siempre es mejor el jardín de al lado
por Ferndo Maestre (*)
Muchas personas viven anhelando encontrar la felicidad y en este anhelo se colocan frente a la ilusión de que esto siempre es posible. No falta quien cree que un buen matrimonio es la clave de la felicidad, otros piensan que la clave está en la salud, hay quien apuesta a que la felicidad está en el amor, en la vida espiritual o en el arte. Lo cierto es que aún tiene vigencia la máxima del profesor S. Freud, quien afirma en su texto El malestar en la cultura que la felicidad está hecha solo de instantes, principalmente en la cultura, y que el resto de la vida es un malestar.
Es difícil determinar qué es aquello que nos llevará a la felicidad anhelada, el camino a la "no felicidad" lo generamos nosotros mismos. La culpa de esta autodesgracia no estriba en que nos falte decisión o, como dicen los positivistas, que no pujamos lo suficiente para tener la felicidad. Es así como mucha gente apuesta por el optimismo ciego y, mirándose al espejo, repite varias veces y todos los días: "Vamos, Jorge, tú sí puedes", esperando así que el día le sonría y que el bienestar lo colme, cuando en realidad donde hay que mirar es dentro de uno y ver qué es aquello que se repite en nuestra vida.
Probablemente, no pueda contestar qué es la felicidad, aunque sí podría decir algo sobre lo qué es la "no felicidad". Mi profesión me muestra el modo cómo las personas se lanzan al vacío creyendo que están en el camino del "disfrute feliz". Lo primero que pondría en la lista de aquello que causa más desdicha es el narcisismo. Considerarnos por encima de los demás y pensar que nos lo merecemos todo o convencernos de que siempre el otro es el culpable y que lo propio es jamás pedir perdón, nos lleva a desestimar los derechos del otro, lo cual sí es una soledad desgarradora.
Otra razón de la desdicha es la envidia, cuando no solo sufrimos de la ira de que otro tenga lo que yo pienso que es mío, y por ende, me lo ha quitado. Si este fuera el problema, la rabieta duraría un tiempo y san se acabó, pero el problema estriba en que, como dijo M. Klein, el que envidia no puede ser feliz con nada, pues nada lo conforma, nada le gusta, todo es incompleto, ya que solo puede estar bien si le devuelven aquello que supuestamente le han robado.
Finalmente, me encuentro cara a cara con la "sombra", aquella pulsión que insistentemente nos lleva a repetir, sin freno y sin sentido, aquellos estados de vida gozosos que solamente nos llevarán a la muerte. La lista cada vez aumenta, son las nuevas enfermedades del alma, propias de la postmodernidad en la que estamos, y que es todo el supuesto placer al que nos lanzamos ciegamente: drogas, alcohol, violencia, sexo, bulimia, anorexia, comida, dinero, la lista sigue. Lo grave es que este camino gozoso nos quita el raciocinio, nos enajena y, puesto que no hay freno y no conoce prohibición, solo se detendrá "en el hueco oscuro de la fosa".

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21
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