3.2.08

HABLABABAS por Carlos Carlín (*)








Asia Tongo
Años atrás, Susy Díaz se ganó el puesto de la freak más querida por el A, B, C, D, E y F de nuestra sociedad, con su personaje de borderline platinada. Luego, una benemérita Monique Pardo sería anunciada como telonera oficial de los eventos más cool, mientras tirada por el suelo y vestida de ñusta sensual, cantaba CARAMELO. Hoy, un hombre robusto, redondo, bonachón, aparentemente un cándido niño grande, ha sido adoptado como juguete por las juventudes ASIA VERANO 2008. Abelardo Gutiérrez, TONGO, entretiene con su bilingüe LA PITUCA las noches de la muchachada bronze, pero hay por ahí algunos malpensados afirmando que el artista recibe como pago las caletas burlas de su auditorio. ¿Será cierto esto? Si parecen quererlo cuando vemos en TV cómo se le acercan jovencitos y jovencitas para regalarle su afecto: "TONGO es la voz, alucina, cheeere con TONGO, ¿manyas?", gritan zampaditas cuatro chibolas, sin darse cuenta de que sus taquitos se están llenando de tierra, mientras que TONGO aprovecha y se manda con LA PITUCA en inglés. Felicitaciones, TONGO, cobra bien y guarda pan para mayo que, para ese mes, a las chibolas de taquitos ya se les acabó el verano.



(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

TRATOS CON LA AUSENCIA FINAL





Así que la muerte era esto por Beto Ortiz (*)
Perdonarán ustedes el largo silencio, pero en estos días carezco mayormente de corazón para escribir. Pero como sigo recibiendo cantidades de mensajes de amigos, de conocidos y también de lectores (o televidentes) desconocidos, es decir: de ustedes, he querido -a falta de cartas individuales para cada quien- hacerles llegar, directo en directo, este humilde despacho de un reportero que cumple con informar, como siempre, desde un lugar que nadie quisiera tener jamás que visitar.
Cuando alguien a quien quieres mucho está muy enfermo, sabes perfectamente qué esperar si el aciago timbre del teléfono suena a las cuatro de la madrugada y te levanta de la inmensa cama en que dormías, aguardando en secreto, siempre, lo peor, sin ningún rastro de nadie en las inmediaciones. De nadie, ni siquiera de tu ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de etcétera. Suena el teléfono y ni siquiera necesitas responder. Sabes, de sobra, qué llamada es esa y podrías incluso, con todo derecho, adelantarte y ponerte a llorar a priori, de antemano, sin necesidad de alzar el auricular. Como el católico robot que aún eres en el fondo, te persignas y contestas. Claro que contestas. Y lo primero que escuchas es, por supuesto, la noticia que durante todos los días y las noches de tu vida habías tenido tantísimo miedo de escuchar. Tras haberle dado un beso de despedida y firmado los documentos respectivos, mi padre se sentó en la cocina y aceptó insólitamente mi propuesta de un Jack Daniels sin agua. «Ahora entiendo que cuando estás muerto, estás muerto de verdad» -dijo. Era indudable. Pero, en el estilo cámara lenta del Alzheimer, mi madre no estaba más muerta entonces de lo que había estado dos horas, dos semanas, o dos meses antes. Para cuando el corazón de mi madre se detuvo, hacía ya muchos años que yo la lloraba.Jonathan Franzen
Ese momento es helado y es negro y se asemeja a una abrupta precipitación, a una caída libre. Te caes nomás y te sigues cayendo y cayendo como en esas pesadillas de las que uno se despierta siempre con el ruido de su propio gemido. Te caes ridícula, tragicómicamente, como si, de repente, en el medio de la calle, te hubiese devorado un abismo disfrazado de buzón sin tapa. No das de alaridos, no te arrancas los cabellos, no te pegas de cabezazos contra la pared, no estrellas jarrones contra el piso. Ni siquiera pasa por tu mente ensayar la menor tentativa de plegaria ni de llanto. Cierras los ojos nomás y te dedicas a caer, o lo que es lo mismo: a esperar en qué momento termina todo esto, con la impaciente curiosidad de saber contra qué te estrellas, al final.
Para quienes aún no lo hayan conocido, estoy en condiciones de proporcionar algunas pistas que los ayudarán a reconocerlo de inmediato cuando haga su inevitable ingreso en vuestras casas: el dolor, o mejor dicho: este dolor, se parece bastante a la explosión sorda que produce un cuerpo al atravesar la superficie del agua, de muchísima agua, digamos del mar o, por lo menos, de un pozo de aguas muy profundas. Toda esa agua, lógicamente helada y negra, no te deja chance de abrir la boca para rezar o maldecir. El dolor no te deja chance de absolutamente nada. Es la explosión sorda del vacío. Después hay flores moradas y mucha gente que te abraza y te habla de "acompañarte" en tu dolor muy suelta de huesos, como si la muerte -reina y señora de todas las ausencias- admitiera compañía. Hay parientes que no has visto en décadas. Gente que, cual comitiva de chamanes que, mecánicamente, recitaran un conjuro, te repiten palabras que no significan nada en absoluto: mi sentido pésame, mi sentido pésame, mi sentido pésame. ¿Pésame? ¿Qué te pesa, qué te peso? ¿Pésame? ¿Pésame un kilo de membrillo, casero? Gente desconocida que dice que te ha cargado y que te conoce desde que eras asisito o que se pasa al vuelo del velatorio del costado y que te abraza y hasta llora más alto y más fuerte que tú. Nadie podría, por mucho que quisiera, acompañarte en tu dolor. Y, sin embargo, hay amigos que pronuncian palabras que, más que pañuelos, son escudos.
Querido Beto: Me enteré esta mañana de la muerte de tu madre. No fueron los medios ni mi cotidiana lectura de Perú.21 los que me dieron la noticia. Fue mi madre quien me la transmitió, con el mismo tono de tristeza con que me informó hace pocas semanas de la muerte de una de sus amigas más queridas. Mi madre llegó a conocer a la tuya, y a apreciarla, simplemente a través de la lectura de las notas que escribiste sobre ella. Te leía mientras cuidaba a su propia madre en cama, a los 98 años, atacada de demencia senil. Te siguió leyendo hasta que mi abuela, la mujer que me crió y que me regaló mi primer viaje, mi primera enciclopedia, mi primer mueble para libros, mi primer curso de idiomas y me brindó los mejores momentos de mi infancia, falleció en junio pasado. Y seguramente mi madre llegó a extrañar alguna nota tuya describiendo lo que se siente ante la muerte de una madre mientras llevábamos las cenizas de mi abuela para echarlas al mar de El Charco, playa donde pasó feliz su juventud cerca de Santiago de Cao y de Cartavio, pueblo donde nació. Mi madre sabía que era cierta cada línea que escribías acerca de cómo va desapareciendo de uno la memoria de una vida, y por eso no sólo leía tus artículos sino que los coleccionaba, para recordarlos cuando le llegara a ella también la hora del olvido. Mira el poder que tienes entre las manos. Mi madre, que lee muy pocos libros, te tiene entre sus autores favoritos. He escrito todo esto solamente para decirte que estoy contigo y te acompaño espiritualmente en este trance y decirte que puedes contar conmigo. En vísperas de llevar a mi madre de regreso hasta esa playa donde nuestra abuela mezcló su materia con la del Universo, unirme a ti y decir ¡Salud, Irmita! porque ella, al igual que mi abuela, todavía está y seguirá estando aquí, en la fértil tierra del corazón, siempre viva.FraternalmenteÓscar Limache
Tengo amigos que estaban fuera de Lima cuando todo esto me ocurrió y que tomaron de urgencia el primer bus, viajaron 15 horas sin dormir y le exigieron al chofer que se detuviera en el kilómetro 18 para aventarse al vuelo y cruzar a pie la carretera y todo eso solamente para llegar a tiempo al funeral y darme un providencial abrazo que me rescate unos segundos de las tinieblas. Thank you for the love, my friends. Now please leave me alone. El dolor es una selva inmensa de la que sólo vuelves solo.
(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

NARCISISMOS PELIGROSOS





Sugerencias subversivas por Jorge Bruce (*)
Ante la pregunta: "¿Qué debe hacer el Estado para incrementar la confianza en el sistema?" Remito al lector a un conjunto de respuestas, cuya fuente citaré después:
1) Operar eficientemente programas de apoyo social. Evitar clientelismo y corrupción. 2) Ampliar cobertura y calidad de educación, salud y justicia. 3) Desarrollar proyectos menores de infraestructura (caminos rurales, agua y alcantarillado). 4) Ampliar la población con acceso a beneficios sociales básicos (seguridad social, pensiones, horas extras, vacaciones). 5) Capacitar a la población de NSE D y E para que mejore su productividad (agricultura de mayor valor agregado, piscicultura, artesanía de exportación, etc.). 6) Compromiso personal del Presidente en la promoción y supervisión de la reducción de la pobreza.
¿De dónde proceden estas respuestas? ¿Acaso de alguna ONG de la telaraña marxista? ¿De algún 'think tank' manejado por los caviar? Ninguna de las anteriores. La encuesta fue realizada por Apoyo y entregada a las 150 empresas suscriptoras en el último SAE (Servicio de Asistencia Empresarial). Fue parcialmente citada por Patricia Teullet, gerente general de Comexperú y colaboradora de este diario, quien comenta en su editorial institucional: "Hay pues, más desencuentros que coincidencias, tanto entre el Estado y los ciudadanos, como entre las empresas y estos. El Estado está abocado al buen manejo macroeconómico, mientras la población le demanda salud, justicia, educación y seguridad. Las empresas están concentradas en eficiencia, y la población espera empleo y buen trato".
La encuesta concluye, entre otras cosas, que la insatisfacción con el funcionamiento de la economía, la democracia y la gestión pública es mayoritaria. Además, que a pesar del crecimiento económico, la perspectiva más probable hasta el momento para el año 2011 es que se repita un escenario electoral similar al 2006. Asimismo, que el sector privado puede contribuir a la defensa de la democracia si desarrolla acciones específicas orientadas a los NSE D y E.
El más elemental sentido común señala que si en los tres años y medio restantes de este gobierno no se priorizan medidas como las citadas, en 2011 estaremos nuevamente viviendo una campaña electoral angustiosa, en donde se discutirán menos propuestas y programas, que escenarios catastróficos como el mal menor o si somos un país viable.
Cuando las cifras que compiten por ser los indicadores más certeros acerca de la situación de una sociedad son el crecimiento económico y la exclusión, algo anda terriblemente desfasado. Y esto es lo que el Presidente no quiere saber: ahí donde hay sugerencias constructivas, él escucha proclamas subversivas. Ya no es un problema ideológico -por derechista que sea el régimen, pues lo anterior sugiere un amplio consenso entre opciones políticas diversas acerca de la urgencia de un gasto social bien orientado y administrado, además de la evidente necesidad de continuar generando riqueza para solventarlo- sino de otra índole.
Uno de los problemas del poder es que suele intensificar las fragilidades narcisistas. No solo ocurre en la política: es muy frecuente en personajes mediáticos, sobre todo de la televisión, fascinados por su imagen en las pantallas como Narciso en el estanque. Pero cuando esto le ocurre a quien detenta las riendas de nuestros destinos, el peligro ya no es solo el ridículo, pues se añade un desastre potencial digno de incluirse en la variable riesgo país.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

LA CONTINUA MUERTE DE ZAVALITA II







Amigos por César Hildebrandt (*)
Mario Vargas Llosa y Alan García se han amistado.Es un gesto de heroico civismo si se recuerda que Vargas Llosa ha llamado a Alan García mentiroso sin escrúpulos, fofo patético, comandante de la corrupción y demagogo de jornada completa.Pero el perdón es, precisamente, una variante del olvido. Y el olvido, como debemos recordar, no siempre es una gracia. Era, por ejemplo, lo primero que bebían las sombras de los muertos al llegar al Leteo, el río del Infierno, la fuente de todos los olvidos. Ahora bien, si Vargas Llosa ha olvidado todo lo que ha escrito y dicho sobre Alan García, ¿puede haber sucedido lo mismo con Alan García?Nos parece muy difícil. García es un hombre que guarda el recuerdo de quién lo miró mal en el Eguren (el colegio estatal donde hablaba hasta por los codos), de qué mujer le dijo que no en la Católica (fue más de una) y, por supuesto, de qué periodista puso al descubierto la existencia de su primoroso último hijo (o sea, modestamente, este escribidor). Para esta materia no hay nada mejor que una vieja frase anónima española: “Hay alguien que no olvida: el olvidado”.Así que recordándolo todo, García se toma la foto con Vargas Llosa, hace que Vargas Llosa hable muy bien de su gobierno y obliga a los lectores de “El pez en el agua”, la autobiografía precoz de Vargas Llosa, a tirar a la basura la mitad de sus páginas.Y como pregunta un perdedor casi crónico del cruel mundo en que vivimos: ¿Quién gana, quién pierde?Gana García, claro, y por goleada. Y pierde Vargas Llosa, que demuestra que puede escribir cosas terribles y atrabiliarias de las que se arrepentirá palaciegamente y que va a saludar en son de compañero a un presidente que llegó al poder, por segunda vez, haciendo clamorosamente lo que Vargas Llosa siempre ha denunciado como el peor defecto del liderazgo tercermundista: mintiendo.Con lo que el afamado escritor también demuestra que para él mentir sí vale la pena si lo que está en juego es el reinado del billetón, la dictadura de “Eshia”, el califato de Credicorp y la inviolabilidad tributaria que Fujimori (un ciudadano japonés) otorgó a ciertas enormes empresas.Vargas Llosa, entonces, sí está dispuesto a avalar, con su presencia más que cordial, la impostura de quien prometió cambiar algunas cosas de las tantas que impuso el fujimorismo. Lo que parece ignorar el célebre novelista es que con su visita a García y su rendición política ante el hombre que hasta hace año y medio despreciaba, lo que está haciendo, en realidad, es avalar al hombre que más odia (quizás también provisionalmente) en este mundo: Alberto Fujimori.Fujimori llegó al poder con el mismo estilo que García usó en el 2006: prometiendo lo que traicionaría, jurando que iba a hacer lo que tendría que olvidar. Fujimori tiene cadáveres en el closet. Pero García también –¿o es que Vargas Llosa los ha olvidado?–. Fujimori impuso el modelo económico y social que, con algunos arreglos cosméticos, sigue plenamente vigente.¿Por qué no pensar, entonces, en el futurible abrazo histórico entre Vargas Llosa y Fujimori? ¿Se tomarían un champancito?Difícil saberlo. Lo que está claro es que el espaldarazo de Mario Vargas Llosa al gobierno de Alan García es uno de los mayores logros simbólicos del gobierno aprista y ­una confirmación de que la biografía intelectual del escritor está hecha como los niños arman los legos: comunista de muchacho para contrariar al padre, fidelista en los 60 por generosidad y romanticismo, velasquista comprensivo a comienzos de los 70 (allí están sus declaraciones impresas), ex velasquista a rabiar a raíz de la expropiación de la gran prensa, belaundista en los 80, liberal urbi et orbi en los 90, ultra liberal a fines del milenio, conservador español, en los últimos años, y defensor postrero de la guerra en Irak, en los últimos meses. Una vida fascinante. Un aterrizaje perfecto.

(*) Aparecido en su columna del diario La Primera

1.2.08

NOS SIGUEN PEGANDO ABAJO



Unión Europea: Negociación no puede ser unilateral
Siguen rectificando a García. El representante de la Comunidad Europea, Fernando Cardozo, afirmó que la negociación de un Tratado de Libre Comercio entre el Perú y el bloque europeo no se puede realizar unilateralmente, En ese sentido, señaló que si el Perú decide retirarse de la CAN, la Unión Europea seguirá negociando con normalidad con los otros países que integran este grupo. “Esto no es una sumatoria de negociaciones unilaterales, sino una negociación de bloque a bloque. Si el Perú se retira de la Comunidad Andina, la Unión Europea seguiría negociando con Ecuador, Bolivia y Colombia. Tal como ocurrió cuando Venezuela se fue de la CAN”, subrayó.En otro momento, el representante de la Comunidad Europea calificó como una muestra de “impaciencia constructiva” a los pronunciamientos del presidente Alan García para que el Perú negocie más rápido un acuerdo comercial. “Los llamados de atención al más alto nivel del Perú para avanzar de manera más rápida son muestra de una impaciencia positiva o constructiva, pero oficialmente no hay crisis ni estancamiento en las negociaciones”, indicó.

¿ QUÉ PARTE DE NO NEGOCIAMOS INDIVIDUALMENTE NO ENTENDIO GARCIA? Tan díficil de entender como para que nos corrijan a a cada rato porque el gordito no toma su dosis y esta ansiosón. Córtala, ¿no?. Nos averguenzas.

LA CONTINUA MUERTE DE ZAVALITA




Alan García y Vargas Llosa se reconciliaron


Escritor lideró la oposición en 1987, cuando García pretendió estati-zar la banca y seguros.Ayer reiteró que votó por líder del Apra en la segunda vuelta porque era "el mal menor".
Una charla de poco más de 40 minutos, que culminó con un fuerte apretón de manos y con un abrazo para las cámaras de televisión y las lentes de los reporteros gráficos en la entrada principal del Palacio de Gobierno, puso fin ayer a una rivalidad política e ideológica de más de 20 años entre el presidente Alan García y el laureado escritor Mario Vargas Llosa.
El encuentro fue protocolar y respondió al deseo de Vargas Llosa de agradecer personalmente el gesto que tuvo el jefe de Estado de enviar a uno de sus edecanes a la clínica San Pablo para interesarse por su salud -después de que fuera internado para un examen médico- y de pedirle al premier Jorge del Castillo que lo visitara en su nombre.
"Hemos tenido una reunión cordial y me ha explicado algunos de sus proyectos. Creo que, en el contexto latinoamericano, el Perú está en una situación claramente positiva. Nuestro país resulta ahora muy atractivo para la inversión extranjera", contó.
Vargas Llosa reiteró que votó por García en la segunda vuelta porque representaba "el mal menor frente a un candidato que nos hubiera llevado a un abismo de populismo y de caos político y económico", pero le dio un giro de 180 grados a la opinión que tenía hace dos años al confesar que no se arrepiente de haberlo hecho.
"Está actuando de manera responsable, defendiendo lo que yo siempre he defendido: el mercado, la empresa privada, la integración del Perú a los mercados del mundo y el reforzamiento de la democracia", comentó.
Agregó, en este sentido, que hoy en día hay un consenso mucho más amplio y más vasto que el que había cuando, hace 20 años, él se vio un poco obligado a participar en política.
MIRADA AL PASADO. Aunque no entró en detalles, quizá porque no podía ser descortés con el dueño de casa, se refería, sin duda, al frustrado intento de Alan García de privatizar la banca, las financieras y las aseguradoras, a fines de julio de 1987, luego de romper con los empresarios, amigos suyos, conocidos como 'los 12 apóstoles'.
Al frente de los más importantes banqueros y políticos de la derecha peruana, Vargas Llosa encabezó las protestas y logró que el gobierno aprista diera marcha atrás.
Vargas Llosa comenzó a crecer y se fortaleció como una opción política al año siguiente, en 1988, con la creación del Frente Democrático (Fredemo), que aglutinó a su Movimiento Libertad, al PPC y a Acción Popular.
En el otro lado de la acera, después de esta aventura que terminó en un estrepitoso fracaso, García comenzó una caída indetenible, en medio de una inflación que hacía girar las cifras como paletas de ventilador.
LA REVANCHA. Alan García se tomaría la revancha en 1990, cuando el Apra financió un 'spot' publicitario, que fue pasado repetidas veces por los canales de televisión, en el que acusaba a Vargas Llosa de tener listo un 'shock' económico brutal. García apostó todas sus cartas al triunfo de Alberto Fujimori en la segunda vuelta, y el tiro le terminó saliendo por la culata al poco tiempo.
Hay quienes aseguran que los desencuentros entre García y Vargas Llosa empezaron días después de la matanza de los penales, los días 18 y 19 de junio de 1986, cuando el escritor le mandó una carta al mandatario, que publicó El Comercio, en la que decía: "La manera como se ha reprimido esos motines sugiere más un arreglo de cuentas con el enemigo que una operación cuyo objetivo era restablecer el orden", pero lo concreto es que, tras las elecciones del 90, la relación se tornó irreconciliable, hasta que, en 2006, Vargas Llosa le otorgó el beneficio de la duda a García y lo llamó "mal menor".
ODIO ETERNO. Al que no le perdona nada, después de conocer lo que fue su gobierno, es a Alberto Fujimori. En su concepto, el juicio se está llevando a cabo de una manera impecable, con un estricto respeto a la legalidad, garantizándole el derecho a la defensa.
"Los fujimoristas no solamente asisten a las sesiones sino que muchas veces llevan matones para hostilizar a sus adversarios. Se está juzgando a un dictador, se está juzgando a una dictadura que cometió terribles crímenes y que introdujo la corrupción generalizada en el país", manifestó en su breve encuentro con la prensa.



El tío Alan y el escribidor por Augusto Alvarez Rodrich

La cita entre el presidente García y Mario Vargas Llosa.Ya se sabe que una fotografía vale más que mil palabras, pero la que se publica en la portada de esta edición, con el presidente Alan García y el escritor Mario Vargas Llosa saludándose en la puerta de Palacio de Gobierno, tiene connotaciones que, sin duda, superan dicha extensión.
Para quienes sean jóvenes o no lo recuerden, Vargas Llosa irrumpió fugazmente en la política en 1987, cuando García decidió, a la mitad de su primer mandato, el absurdo de estatizar la banca. El escritor encabezó la oposición a la misma y acabó convertido en el candidato presidencial a quien el gobierno aprista buscó bajárselo, lo cual finalmente consiguió con no pocas malas artes.
Dos décadas después, ante la segunda vuelta entre García y Ollanta Humala, Vargas Llosa fue uno de los líderes de la iniciativa de votar por el primero pero, eso sí, "tapándose la nariz" debido al asco que le producían los dos finalistas de la competencia.
Por ello, la fotografía de ambos ayer en Palacio, y los muy elegiosos comentarios de Vargas Llosa al gobierno -"por el TLC, el crecimiento económico y el funcionamiento de las instituciones"-, constituyen para el repitente presidente un hito relevante en su prolongada pero -más que eso- zigzageante trayectoria pública.
El espaldarazo político que el escribidor le ofreció al ya tío presidente funciona como una de las confirmaciones importantes de la profunda transformación ideológica experimentada por García en las últimas dos décadas.
Dicha reconversión está permitiendo que su segunda experiencia gubernamental no sea el mamarracho que, sin duda, fue la primera y que, por el contrario, esté alcanzando varios éxitos a pesar de su visible y lamentable falta de convicción para encarar aquellas reformas fundamentales en educación, salud, justicia o seguridad que son indispensables para transformar realmente al país, y crear las condiciones para que el progreso que trae el crecimiento económico alcance con más rapidez a un número mayor de peruanos.
Ojalá que el presidente García aproveche los tres años y medio que le quedan de su segundo gobierno para lanzar al menos algunas de dichas reformas, y que los elogios que hoy le hacen peruanos notables como Vargas Llosa, no lo pongan a dormir en sus laureles. Que aún no son muchos.




Uno se acostumbra a ver de todo en esta vida. Ayer asistimos a un deceso mas del interminable fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Quien saltando la barda de la más elemental noción de sentido común se ha presentado en Palacio De Gobierno a darle un espaldarazo a un Presidente que cuenta con menos del 30% de aprobación, que nunca deslindó con las consistentes sospechas de enriquecimiento ílicito que le encontraron y que a todas luces gobierna para los miserables mercantilistas que detentan el poder real y que tienen a nuestro pobre páis tan mal como esta. La oscilación de izquierda a extrema derecha casi fachista de nuestro primer escritor es triste porque es un apóstata del progresismo (por eso es que nunca alcanzará el Nobel). Es fatal porque su creencia en la virtud de la mas rancia derecha suena convenenciera y hiede mal. Mario, ha matado a Zavalita, ahora escribe poco, lo cual no nos alegra pero nos exime de la responsibilidad de volver a comprar sus libros. Fulminado por el divismo de los tiempos, descansa en paz, antiguo sartreano.