3.9.07

TAQUILLERAS DE LA SEMANA



Week to date Aug 30,2007 - updated Sep 02,2007

Movie
North American Gross(NAG)
1 .
Superbad
$8,218,152
2 .
Bourne Ultimatum, The
$4,166,500
3 .
Mr. Bean's Holiday
$3,110,650
4 .
War
$3,019,313
5 .
Balls Of Fury
$2,960,727

¿DEMENTE? ¿YO?





Fumadores corren mayor riesgo de padecer demencia
Un estudio del Centro Médico de Erasmo en Holanda arrojó como resultados que las personas adictas al cigarrillo son más propensas al Alzheimer y otras demencias. Realizaron un seguimiento a alrededor de 7 mil personas de más de 55 años.
Los fumadores son más propensos a desarrollar enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia que las personas que dejaron el hábito o que nunca consumieron cigarrillos, informaron investigadores holandeses.
Las personas fumadoras de más de 55 años eran un 50 por ciento más propensas a desarrollar demencia que las no fumadoras, reveló el equipo de la doctora Monique Breteler, del Centro Médico de Erasmo en Rotterdam, Holanda.
En un artículo publicado en la revista Neurology, Breteler y sus colegas indicaron que realizaron un seguimiento a casi 7.000 personas de más de 55 años por un promedio de siete años.
En ese período, 706 participantes desarrollaron demencia. Existe un gen que eleva el riesgo de demencia y que se denomina APOE4 o apolipoproteína E4.
El tabaquismo no afectó el riesgo de Alzheimer en las personas que tenían ese gen. Pero las personas que no lo tenían presentaban un 70 por ciento más de riesgo de desarrollar Alzheimer si fumaban.
El cigarrillo podría provocar pequeños accidentes cerebrovasculares (ACV) que, en ocasiones, pueden dañar el cerebro y causar demencia, dijo Breteler.
"Fumar aumenta el riesgo de enfermedad cerebrovascular (ACV), que también está vinculada con la demencia", señaló la autora en un comunicado.
"Otro mecanismo sería el estrés oxidativo, que puede causar daño celular en los vasos sanguíneos y conducir a un endurecimiento de las arterias. Los fumadores experimentan mayor estrés oxidativo que los no fumadores", agregó el escrito.
El estrés oxidativo, que es un proceso de oxidación en el cual ciertas reacciones químicas perjudican al ADN, también se observa en la enfermedad de Alzheimer.


Bueno yo conozco a varios que no fuman y franco franco podrían integrar la sub-40 de locos. Ya Ribeyro se dió la chamba de defendernos con la brillantez que lo caracterizaba en "Sólo para fumadores" . Y sigo pensando que esta campañita antitabaco la fomentan los que comercian otros vicios. En todo caso como cantaría Charly García, yo no quiero ponerme tan loco

2.9.07

ESOS AIRES AUTORITARIOS...



Estrategia de sometimiento por Jorge Bruce (*)
En Rusia ha entrado en vigencia, desde el 2006, una ley para la fiscalización de las organizaciones no gubernamentales. Dicha medida, editorializa el diario Le Monde, amenaza las libertades, obligando a cerrar o favoreciendo el control de numerosas organizaciones de la sociedad civil. Vladimir Putin está empeñado en que solo subsistan las que apoyan a su régimen o dependen de su poder. En el Perú estamos a tiempo de impedir que ocurra algo similar. La ley para fiscalizar las ONG locales tiene que ser declarada inconstitucional precisamente porque nadie tiene corona en esta república, tal como ha afirmado Ántero Flores-Araoz, entusiasmado con la estrategia de sometimiento. Lo que nadie tiene es corona para sojuzgar a organizaciones incómodas para el poder político o económico.
Las sorprendentes declaraciones del presidente y del ministro Rafael Rey en la zona del terremoto, en donde atacaron a las ONG de la manera más gratuita y arbitraria, evidenciaron su obsesiva ojeriza contra quienes critican y denuncian la corrupción o la indiferencia del Gobierno, o algunas grandes empresas, en materia de ética, DD.HH. o contaminación del territorio. Con o sin razón, ese no es el punto. Acabo de hacer una visita al yacimiento de Yanacocha y, hasta donde pude ver, se trata de minería moderna y respetuosa de la ecología, con un plan elaborado para el cierre de mina. ¿Significa eso que se deben clausurar las instituciones que se oponen a la explotación? Por el contrario, esa oposición obliga a la gran minería a ser extremadamente cuidadosa. Por lo demás, está de por medio la libertad de opinión.
El modelo ruso debería alertarnos acerca del juego autodestructivo de asfixiar la democracia. El autoritarismo es transversal a las ideologías gubernamentales, de derecha, como la peruana, la rusa o la norteamericana, o de izquierda, como Cuba o Venezuela. Solo que Chávez atacó el "mal" de raíz y saltó a la yugular de los medios de comunicación, sin andarse con medias tintas ni escarceos. El que puede, puede.
Las ONG son ampliamente fiscalizadas, tanto por los organismos que las financian como por los entes oficiales en el Perú, en términos de contabilidad, licencias, etc. Pero este, evidentemente, no es el problema. El encono que traslucen las acusaciones inopinadas de García y de Rey en plena tragedia (si eso dicen ellos, ¿qué grado de independencia tendrá la APCI?), así como la energía con que apoya esa ley 'putinesca' el embajador ante la OEA, recompensado con ese cargo por no distinguir entre los ciudadanos que no piensan como él y los camélidos, proscribe cualquier equívoco. El blanco lo constituyen quienes cuestionan el accionar de algunas corporaciones, o denuncian actividades gubernamentales tales como la extraña subasta de patrulleros chinos con talleres imaginarios, compras de municiones grotescamente sobrevaluadas o reuniones siniestras como la del restaurante Fiesta. Si alguna duda cabría, los exabruptos en Ica las despejan. Ciertas organizaciones de la sociedad civil son consideradas enemigas del régimen y esta ley permitirá enmudecerlas, tal como en la Rusia corrupta y mafiosa -recuérdese el asesinato de la periodista Anna Politkovskaia- de Putin. Aquí estamos lejos del Kremlin y así debemos permanecer. El fantasma del autoritarismo ronda Palacio y hay muchos interesados en que se aposente. El riesgo no es solo para las ONG. Amenaza a todos. Incluso a los autoritarios, aunque hoy no lo sepan.
(*) De su columna aparecida hoy en el diario Perú21.

1.9.07

CHAVEZ A MANOS LLENAS



Abren en Cusco una nueva oficina vinculada al ALBA
Fue inaugurada el último viernes y lleva el nombre de "La Casa de Alba de Cusco". Su función será la de trasladar pacientes hacia centros de atención oftalmológico situados en Bolivia para que sean operados gratuitamente.
Una nueva oficina vinculada a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) destinada a misiones humanitarias abrió sus puertas en Cuzco, según confirmó el responsable de la misma, Julián Icarroca.
La "Casa de Alba" de Cusco, como es denominada, fue inaugurada este viernes con el "único objetivo de dar servicio a la población más necesitada, gracias al hermanamiento y entendimiento de países como Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua", afirmó Icarroca.
Según su director, esta oficina coordinará y organizará con las autoridades de Cusco y su provincia circundante el traslado de enfermos a centros de atención oftalmológico situados en Bolivia para que sean operados gratuitamente.
Icarroca adelantó que además ya hay un contingente de 11 médicos cubanos en Cusco buscando un local en donde instalar una clínica que cumpla las necesidades para intervenir quirúrgicamente a pacientes de la región.
El responsable de la "Casa de Alba" descartó cualquier intención política de esta oficina y rechazó "cualquier situación de mala interpretación" que se pueda inferir de la creación de los centros bolivarianos "que se están constituyendo no sólo en Cusco sino en otras partes de Perú".
Ante la posibilidad de que esta oficina genere recelos por parte del Gobierno de Perú, como ocurrió cuando se inauguró la "Casa de Alba" de Puno, al sur del país andino, Icarroca señaló que "ya es hora" de que el Ejecutivo entienda que este proyecto integra "la cooperación, solidaridad y respeto mutuo a la soberanía de las naciones".
"La población decidió formar este proyecto porque lo ve como una necesidad urgente, porque el sector salud entre los más necesitados de Perú es nuestra debilidad", afirmó Icarroca.
El mes pasado abrió en Puno la primera "Casa Alba" de Perú, por iniciativa de grupos organizados simpatizante con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y su alternativa al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) auspiciada por EE.UU.
El gobierno peruano calificó de "injerencia" la apertura de este centro, mientras que el presidente venezolano señaló que se trata de algo meramente "simbólico".

Que Chavez es un tremendo manipulador, no nos cabe la menor duda. Pero dentro de este esquema avieso y maleado, el tipo termina ayudando a los más pobres de este país. También habría que reconocerlo. Mas aún cuando el sinverguenza que nos gobierna deja que otro pícaro le haga la tarea, para el poder cuidar los intereses de sus patrones, los empresarios de pacotilla que pueblan este territorio escupido por el diablo. Ojala abran muchas oficinas del ALBA, ¿qué nos queda? , ¿morir? , No, noo, ni hablar!. No la esperen tan fácil, aqui estaremos dando la pelea mientras se acuerdan de hacer su chamba. Que tranca se hace la reconciliación con la conciencia.

OJOS ROJOS





El odio de Dios por Beto Ortiz (*)
Colapsó. La famosa imperturbabilidad, el supuesto estoicismo, los nervios de acero que los periodistas nos pavoneamos siempre de tener, la blindada resistencia ante el horror ajeno -con este sismo- colapsaron también. No he visto, en 20 años de coberturas, ni la cuarta parte de lo que debe haber visto, qué se yo, Kapuscisnki, Pérez Reverte, Zileri, Thorndike, Guerrero sin ir más lejos. He visto sí -por haber alcanzado a reportear en los aciagos días del terrorismo- bastantes más muertos que un cirujano promedio y entiendo a la perfección los sollozos con los que, al teléfono, suplicaba un cachorro fotógrafo a sus editores -desde Pisco- que tuvieran piedad de él y lo sacaran de esa maldita pesadilla.
Así como los limeños menores de 30 no tenían -hasta la semana pasada- la más pálida idea de qué diablos eran los terremotos, los aguerridos periodistas de esa misma generación tampoco tenían forma de saber, en sangre propia, qué se siente pararse en una plaza de armas a sacarle fotos a formaciones enteras de cadáveres hinchados mientras, de repente, alguien reconoce una medallita o un vestido floreado en medio de la horrenda putridez y entonces aúlla y gime y se echa a correr absurdamente como un pobre perro al que un camión acabara de pasarle por encima. ¿Qué es lo que los manuales de periodismo aconsejan en esos casos? ¿Qué hay que hacer con el micrófono inalámbrico?, ¿es mejor una toma fija en plano medio o un paneo no muy lento?, ¿transmitir en vivo o diferido?, ¿qué tipo de lente nos conviene usar? ¿Cuál ha de ser la primera pregunta -éticamente correcta- que hay que formularle a una joven mujer cuyo hijo de dos años acaba de morir con la cabeza destrozada por un trozo de pared que le cayó encima desde un cuarto piso? Díganme ustedes. Ilústrenme. Transmitan ustedes el drama humano sin solazarse en la desgracia. Exhiban mesura, ponderación, buen gusto, misericordia. Tres, dos, uno, grabando. A ver, pues, ensayen alguna pregunta respetuosa.
El niño existió y se llamó Adriano Núñez Sánchez (2). Su madre, Victoria Elizabeth (28), maestra de escuela, Elisa para los amigos, sus padres ancianos sobreviven con ella en la misma choza indigna enclavada en mitad de la polvareda, tiene otro niño de siete que vio a su hermanito morir delante de él pero eso a ustedes -que no tienen cómo saber ni qué cara tenía- les dice muy poco o, de repente, nada. A Elisa la entrevisté el domingo pasado en San Clemente, esa misérrima comunidad a la entrada de Pisco donde el nivel de vida puede perfectamente competir con el del África subsahariana . No fui en busca de su testimonio pues no tenía noticia alguna de su caso, fue ella la que, al ver que llegábamos con una cámara de TV, corrió -como muchos- a nuestro encuentro, desesperada, como si estuviera convencida de que algo podríamos hacer para atenuar el infierno que crepitaba en su interior. Como si supiera que, tarde o temprano, lo habríamos de escribir y como si aquel fuera el único modo de dejar constancia de que su bebito existió, la última esperanza de que esa vida no quedara en el olvido. Parece que cuando ya lo has perdido absolutamente todo, lo único que te queda (y que nadie te puede quitar) es tu derecho de contarlo. Pero para un reportero es imposible administrar tamaño superávit de relatos. Cada nuevo damnificado tiene siempre algo aún más terrible qué declarar que el anterior. Es como si todos se hubieran sentado sobre los escombros de sus casas a esperar, día tras día, que llegue cualquier N.N. con tripas y corazón suficientes para escucharlos: venga a filmar cómo ha quedado mi casa, señor, trepe ese muro y tómele foto a los cerros de donaciones que nadie reparte, diga en su canal que a los niños que se salvaron, nos los está matando el frío, señor, así diga. Es como si los sobrevivientes del cataclismo deambularan doblados por el peso de ese relato ominoso que aún no han tenido chance de contar.
No tuve necesidad de preguntarle nada. Elisa había comenzado a desmenuzar su dolor desde mucho antes de que la cámara la enfocara siquiera. En virtud de algún extraño tipo de deformación profesional o de mecanismo de defensa que mi organismo debe haber desarrollado, siempre tiendo a pensar automáticamente en otra cosa cuando me tocan este tipo de historias. Mientras escucho los extenuantes detalles de cómo expiró el finado en cuestión trato de acordarme, por ejemplo, de qué cosas urgentes tengo que hacer mañana a primera hora: pagar la renta, llevar la ropa a la lavandería, acompañar a mi viejo a su cita con el neurólogo. Debo creer que -si me zambullo en cada tragedia- corro severo riesgo de volverme loco. Si ya hay un aparato encendido que lo está grabando todo, no veo la necesidad de grabármelo yo también. Pero las inconsolables lágrimas de Elisa pudieron más que todas mis mañas de coleguita periodiquero: me obligaron a escucharla completamente, a impregnarme de su infortunio hasta los huesos: «¿Qué hago yo aquí sentada llorando y llorando a mi hijo si sé que ya nadie me lo va a devolver?,¿ si nadie me va a ayudar?,¿ si sé que estoy sola en el mundo y así sola como estoy, me voy a tener que levantar porque si yo me derrumbo del todo, qué va a ser de mis padres, de mi otro hijo?¿Acaso no se van a derrumbar también?». Me pasó con ella algo que no me pasaba hacía ya bastante tiempo con un entrevistado. Me pasó lo mismo que a Mabel Huertas de Día D frente a aquel recién nacido crucificado en un hospital de Ica por las atroces poleas de tracción con las que los médicos intentaban salvar sus piernecitas partidas en sabe Dios cuántos pedazos por el peso del adobe. Lo mismo que a un camarógrafo amigo que terminó por quebrarse como un niño al comprobar que, la silla de ruedas desechada por un pariente suyo, era heredada ahora por Anita, una pequeña de cinco o seis años que -con síndrome de Down, con las piernas lisiadas, sin zapatos- daba de roncos gruñidos como un animalito enfurecido.
Aun a sabiendas de que semejante arranque no nos hacía buenos ni malos ni regulares ni le servía tampoco a nadie para componer nada, terminamos la grabación dejando en las manos de Elisa una chanchita, el contenido íntegro de nuestras más bien esbeltas billeteras: doscientos soles, la misma cantidad (prestada) que le había costado enterrar a su bebé en un rústico cajoncito de madera. ¿Cristiano complejo de culpa, vocación frustrada, súbita caridad? Pónganle ustedes el nombre que quieran. Cuatro días después regresé a San Clemente y la busqué en la misma covachita al borde de la autopista. Tras corta espera, ella asomó entre las exhaustas esteras, toda soñolienta, aún cubierta por una gruesa capa de polvo ceniciento. Evadiendo el sarcasmo de algún faltoso miembro de mi team que susurraba impertinencias, («¡Tranquilo, Ferrando!»), puse en sus manos la enorme carpa Mountain Gear que, en improvisada subasta, algún televidente le canjeó el miércoles a Gianmarco por su último disco autografiado. Al recibirla, Elisa sonrió de modo casi imperceptible y, por un segundo, pareció transfigurarse. Ya sin la mueca del espanto dibujada en los labios, la encontré distinta: más serena, más fuerte aún e incluso un poco bonita. «Nada te obliga a adoptar a todos tus entrevistados» me dijo, alguna vez, cachosamente, el director del diario en el que pagaba piso como practicante. Se burlaba, claro, de mi clásico idealismo adolescente de reporterito amateur que siente que su carrera ha fracasado si no logra conseguirle muletas a todos los poliemielíticos del mundo, válvula de Pudens a todos los hidrocefálicos, donante de médula a todos los leucémicos.
Después, claro, a fuego lento, te vas cociendo, vas macerando, te vas curtiendo y -con un poco de experiencia y otro poco de suerte, supongo- te vas acostumbrando, vas creciendo, vas madurando y madurando hasta que un día maduras tanto que ya absolutamente todo termina por llegarte al huevo. Pero no hay que olvidarse nunca lo que la vieja canción de Los Prisioneros nos enseñó: un poquito de amor puede cambiar al mundo, muchachos. Aunque de repente no, de repente exageran porque al mundo, seamos realistas, no lo cambia nadie. Ni siquiera ese Dios que -en opinión de Vallejo- nunca supo ser Dios porque nunca fue hombre y estuvo siempre bien, ese que parece que, en el fondo, nos odiara porque nos manda, ya ustedes saben, las zanjas oscuras, los bárbaros atilas y la resaca de todo lo sufrido que se empoza en el alma, yo no sé. Por alguna misteriosa razón, mientras, a merced de la paraca que esparce el polvo de los muertos por doquier, recorría las ruinas de lo que en vida fue el antiguo puerto de Pisco con una máscara de doctor y una conjuntivitis galopante, me acordaba muy poco del genio pisqueño Valdelomar y su infancia dulce, serena, triste y sola y sí mucho, en cambio, del apocalíptico Vallejo. Probablemente porque tras haber homenajeado mis raíces catecúmenas voluntariando apenas un poquito en estos días, tratando, con las justas, de cerciorarme de que la ayuda de unos pocos llegue a los muchísimos a los que tiene que llegar, me he convencido del todo de que, en esta porción malherida del mapa, la catástrofe no data del 15 de agosto, para nada. No nos engañemos. La verdadera desgracia es anterior al terremoto y a sus 7.9 en la escala de no sé qué. No hablo de todo Ica, ni siquiera de todo Pisco. Hablo, con las justas, del hambriento San Clemente. El viernes que acaba de pasar, en las cuatro o cinco horas que duró el reparto de las generosas donaciones de mis amigos del programa, debe haber desfilado frente a mis ojos toda la miseria inconmensurable del Perú. Más pobreza, peor pobreza de la que he visto nunca en todo el resto de mi vida de periodista peruano. Miseria 7.9. Este terremoto ha sido, en realidad, la brutal erupción de un volcán de miseria que, en este país, se rebalsa por los cuatro costados. Y ha sido viéndola, lo confieso hidalgamente, que he llorado. No sé si de impotencia o de vergüenza o de una mezcla de las dos. Constatándola me he hecho a mí mismo un sencillo pero significativo juramento. Me he jurado no volver a tolerar delante de mis cámaras, el sufrimiento. Me he jurado usarlas, por todo el tiempo que me reste, para levantar a gente del suelo y nunca más para derribarla. Para mejorar un poquito este país y no para terminar de hundirlo. Tal mi humilde plegaria de reportero. Siéntase libres de persignarse conmigo los que estén de acuerdo. El viernes que acaba de pasar he visto mujeres con el lomo arqueado acarreando ollas comunes con un brazo y con el otro, cargando niños que, probablemente, ya habrán caído víctimas de la bronconeumonía cuando ustedes lean esto. He visto viejecitos parados sobre sus huesos rotos, haciendo colas de cuadras y cuadras, de horas y horas con tal de recibir una pinche botella de agua, una conserva de pescado, una colcha usada, un puñadito de menestra. He visto niños que, aún aterrorizados por el paso del monstruo desconocido, estallan en llanto apenas intentas preguntarles algo, lloran en ese llanto ronco y sin lágrimas tan característico de los hambrientos, de los desnutridos, de los deshidratados que ya no tienen ni con qué llorar: niños plomizos y famélicos que estiran sus manos para recibir un chancay, lo devoran en segundos, lo desaparecen, se lamen las últimas migajas de las manos y vuelven a estirarlas con una desesperación que no tiene perdón de Dios. No hay que olvidarlos de nuevo. No hay que olvidarse nunca de lo que te enseñaron de chico en el colegio: aunque hables el idioma de los ángeles, si no tienes amor, tus palabras resonarán como címbalos. Aunque tengas el don de la profecía y entiendas todos los misterios y poseas toda la riqueza y todo el conocimiento. Aunque tengas toda la fe y muevas todas las montañas. Si no tienes amor, no eres ni mierda. (Es palabra de Dios. Te alabamos, señor).


(*) De su columna del diario Perú21.
Extraordinario artículo de Beto, quien se merece además de nuestro puto respeto ( que no es nada frente a esta pieza maestra) nuestro sincero agradecimiento por habersela tratado de jugar por estos ideales, que a veces suelen ser una pajita, frente a la hereje china seductora de la quincena.

¿NO NOS GHANAN?



Los 'Jotitas' le dijeron adiós al mundial orgullosos y satisfecho
Duarte, Manco y La Torre afirmaron que dejaron todo en la cancha por el Perú, y agradecieron a la afición nacional por el apoyo que les brindó durante todo este tiempo en Corea del Sur.
Los jugadores de la selección Sub-17 aseguraron que hicieron su mejor esfuerzo por dejar en alto el nombre del Perú, y que, pese a la derrota por 2-0 ante Ghana, se sienten contentos de estar entre los ocho mejores del mundo.
Las lágrimas y la bronca por la derrota estaban en los rostros de todos los 'jotitas'. Su capitán Néstor Duarte salió al frente a felicitar a sus compañeros por el buen desempeño que tuvieron durante todo el certamen.
"Fue un buen partido, aplausos para Ghana y también para Perú, porque se vio un buen partido y dejamos todo en la cancha", declaró el notable zaguero, quien en este torneo demostró no solo un gran nivel sino también un liderazgo para ordenar y empujar el equipo desde el fondo que no se veía desde hace tiempo en nuestro país.
A su turno, el delantero Reimond Manco afirmó que todavía queda mucho camino por recorrer y que el haber sido eliminados del mundial no es el final de todo. "La verdad, no estamos muertos, fue un tropezón más. Hay que pararse y seguir para adelante. La cosa era morir en la cancha y nosotros lo hicimos, hasta la última gota de sudor", sostuvo en declaraciones a RPP.
Manco aseguró que así les hubieran metido más goles, ellos jamás hubieran dejado de luchar por darle una nueva alegría a nuestro país. "Nunca bajamos los brazos, así nos hicieran el tercero, el cuarto o el quinto, nunca los bajamos", aseveró.
Por su parte, el delanntero Christian La Torre aseguró sentirse muy orgulloso de haber llegado hasta cuartos de final, algo que ninguna otra selección juvenil peruana ha podido lograr.
"Estamos un poco dolidos por la derrota pero a la vez estamos contentos porque hemos dejado todo en la cancha y nunca una selección peruana ha llegado hasta donde lo hemos hecho nosotros. Agradezco al profesor Oré y al resto de mis compañeros", aseguró el atacante del Boys, que agradeció el apoyo de la afición peruana.
"Hemos dejado todo en la cancha, ahora nos queda ir a Perú con la frente en alto y muchas gracias por el apoyo que nos han dado hasta ahora", culminó La Torre.
Póngase una mano en el pecho y reconozca, mi querido ser humano, accidentalmente nacido en el Perú, si usted y yo no somos culpables de no ser campeones de nada. Reconozca que somos un pueblo de mierda, cobarde y fatalista y que estos muchachos no parecen nuestros paisanos, que podrían ser argentinos o brasileros pero jamás peruanos. Reconozca usted como colaboramos con ese inconciente colectivo losser y bastante cabrón (aqui le decimos criollismo) que antes de jugar el partido ya perdíamos al decir que estabamos haciendo historia al ser uno más del montón, y eso que todos sabemos que nadie se acuerda del octavo, a mí, por ejemplo, pregúnteme de los campeones. Dígame usted si en el fondo no piensa que la mitad (mas la otra mitad de estos chicos ) se van a ir al extranjero, porque en este foncking country no hay lugar para quien quiera ser algo más que una 4x4, una vedette carretona y unos cuantos tragos en la discoteca de moda. Piense y reconozca, my dear perdedor, que si hubíeramos campeonado (como pudimos hacerlo) usted estaría echándose un ron con cocacola, hielo y limón, recordando a los olímpicos de Berlín, al gran Perico León, y los goles de Cachito en la Bombonera, como si revisar la planilla de lo que nunca fue podría generarnos el ser algo más de lo que nos negamos a ser. Es hora que nos dejemos de joder y reconozcamos que si estamos como estamos es única y exclusivamente culpa de nosotros mismos, que somos unos grandes pelotudos temerosos de la verdad, porque esa claridad implica nuestra revolución, nuestra evolución, por la puta madre, nuestra real salvación. Desde este blog celebramos la actitud de estos muchachos (que tienen la edad de mi hijo) y de Juan Jóse Oré (Jota Jota) tremendo goleador crema, extraordinario entrenador, y aunque no lo suele parecer, un pata del joraca, un peruano, aunque se nos haga díficil, que se rebela y que enfrenta sus demonios y que los hace parte del exito. Y que nos sirva de lección a todos. Somos lo que deseamos ser, y en eso nadie nos gana. No hay mejor víctima que la que ama la victimización.