24.11.11

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN

Diario de la desocupación
Página 16: Las claves del Supermercado Plaza Vea

Hablaba del pasado, hace unos días. Se me presenta por etapas. 
Me encuentro con mi buen amigo (del barrio y de la adolescencia) Guillermo Tejada en Plaza Vea de la Av. Brasil, el que corresponde a Jesús María. 
El Guille era un palomilla de chico. En la secundaria se le dio por evolucionar y agarró una disciplina de estudios brava. Le pusimos el Tío Rukakaro porque nunca salía de su cueva. Estudiaba porque ya era inherente a su contexto. Como consecuencia se convirtió en un brillante Ingeniero Electrónico y en uno de los mejores catedráticos de San Marcos. 
Es uno de mis amigos más queridos y su presencia y palabra medida y exacta son claridad pura, más aún, viniendo de un tipazo como el. 
Porque Guillermo siempre fue un pata bien derecho y un hombre decente. 
Hablamos unos minutos que bastan y sobran para entender la clave. 
El es un ejemplo de estructura, lo que me falta. Yo todavía estoy duro y necesito prepararme con ahínco y voluntad de hierro para esas lides.
Ahí nomás, en el mismo sitio, en el susodicho Supermercado me encuentro con un amigo del colegio, Daniel Zambrano, un condiscípulo que ha hecho mucho por armar las asociaciones de Ex-Alumnos del Alejandro O. Deustua. 
Amante del arte y la literatura, así como su hijo, escribe y baila y canta y bien. 
Mario Benedetti es parte de nuestra amistad y en su poesía y en la comunión de una buena conversación en el Romeo (con dos cafés buenazos) reencontramos las huellas de los pasos perdidos evocando pretéritos romances y juegos idos.
Re-descubro mi clave permanente, asumir la bendición de trabajar en lo que me ha gustado siempre, en aquellas cosas en las que -prácticamente- dejo mi vida.
El tercer asomo, son una pareja a la que la una simpática cajera del sitio, decide atender antes que a mi porque el caballero está usando unas muletas. Estoy -sin darme cuenta- en la caja destinada para atenciones especiales. Preñadas, mujeres con bebe, cocharcas latosos, discapacitados y quiñados de ocasión. 
Lo acabo de borrar del facebook, en ese afán mío de contar con sólo 999 amigos. Cosas de mi excentricidad. Nada personal con nadie. Es un juego de superchería. 
Sin embargo reconozco en su esposa a la guapa joven, Liliana, compañera del secundario de mi ex-pareja. Un poco ya cargando años se mantiene atractiva pero señorona.
El, Luis, luce más o menos igual, indefinido entre las clasificaciones de edades obvias.
Lo de los aparatos ortopédicos puede deberse a un accidente automovilístico o a esas lesiones que se hacen los machos cuando se entusiasman en exceso con el fulbito y terminan pateando una piedra y desarreglándose un músculo.
No se si me reconocen o no. Tampoco me importa mucho, aunque siento que me miran de reojo mientras aguardo para recargar el celular. Los observo de soslayo.
Llevan un par de cosas: envases plásticos transparentes en los que distingo que esa noche van a cenar pastel de acelgas y ensalada de fideo fusili tricolor. Y entonces, entiendo. Se enciende lucecitas en mi pensamiento.
No hubiera querido vivir y tener ese cuadro en mi vida. Ya no más. Soy un focking espíritu libre al que esas actividades maritales de antiguos y reposados amantes, espanta como si se tratara de una peste fulminante o de una arma mortal. 
Y aunque a mi me costó arrancarme esa sensación a tiramisú de limón que te da el enamoramiento burro y ciego, era obvio que mi trabajo estaba por otros lares.
Nadie tiene la culpa de que se cumpla el destino. De que emprendamos nuestros reales propósitos. Es una elección permanente la de un legítimo buen día. 
Pude haber pasado otros veinte años más fingiendo ser amable, pero era hora de hacerme de la fuerza y de la fe para ordenar y desarrollar lo que tanto anhelo.
Y para eso, tan sólo me queda sacar de mi mochila el tiempo pasado y dejarlo en el mostrador en donde se olvidan finalmente todas esas cosas. 
Ese es el precio de la pretensión ilusa de ser brevemente feliz. 
Esta es la vida que escojo vivir.
Sin excusas, culpas, o lamentaciones.


H.D.P.

31.10.11

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN









Diario de la desocupación
Página 15 - Talento desperdiciado




Mi hijo es un prodigio de orden personal. Su inteligencia es dirigida. Aunque para cuestiones de plata se parece mucho más a su mamá, no somos ni siquiera similares en asuntos intelectuales. Como decía mi padre, la mía es una inteligencia anarquista, explosiva, vaga y aplicada a lo contra productivo. Decía que yo andaba urgido de estructura, por no decir que era de una indisciplina del carajo. Y ahora que lo veo realizarse como hombre y que no falta un día en qué algún buen amigo (o cariñosa amiga) me diga que me encanta perder plata, que "merecería" mucho más metálico del que tengo o del que me importa, no hago sino comprobar que lo mío pasa por la rebelión del conforme que no se dejo jamás seducir por las exuberantes curvas del dinero. Debo sentirme diferente por que yo no gane ni perdí en el juego, simplemente abandoné la mesa del póker de esa vida de las apariencias en las que nos envuelve el circulante, por irme tras de las verdades absolutas, o de las razones de mis quereres, porque era un jugador inapelable del placer y porque me gusta ser tan transparente que no hay nada que mejor me represente que un libro de poemas autografiado por Sabina, los cuentos de Ribeyro, la inminencia del cambio de todas las cosas o el afecto de mis partners.

H.D.P.

3.10.11

DIARIO DE LA DESOCUPACION


Diario de la desocupación
Página catorce – Una cualquiera como todos.

Es Flor. Aunque ya no es una flor. Tampoco es que ande marchita, digamos que a sus treinta y tantos marzos, aún rebosan los pétalos de su personal quimera. Es una edad ideal porque en la línea de los veinte mis musas suelen ser tan excesivas que tranquilamente yo pudiera parecer un tío paseando a la sobrina. Y que pasadas las cuatro décadas, a las damas que me inspiran les da por la religión –new age con toques de metafísica- y entonces todo lo ven besitos y chispitas de luz, o sino les da por la manipulación con rostro de inocencia, para hacerte sentir culpas de algo que ni siquiera has pensado hacer o lo que es peor, por el cinismo de la mujer que  siente que para ser moderna, tiene que ser practica hasta niveles bastante pobres en donde se desdibujan las señales de la moral,  la ética y la cultura. Y no es que estas cosas me parezcan importantes, lo que me parece detestable es hacer alardes.
Pero vuelvo a Flor, que sabe que me puede llamar los lunes de las primeras semanas del mes (que es cuando cambio el cheque de esclavo liberto para cobrar las monedas que pagan mis holgadas modestias) y que además de un buen trato amical, en donde puedo hacer las veces de psicólogo y confesor (me debo parecer al personaje de la novela “El corazón es un cazador solitario” de Carson Mcullers, el sordomudo al que la gente le hablaba y le contaban sus problemas porque pensaban que sabía escuchar y yo, como el,  soy  una tapia) también le cumplo como todo buen cliente. Porque Flor se dedica al meretricio, legal, con carné de sanidad y todo lo que la ley demande al caso, y además es una rabiosa practicante de su fe, hace pocos años conversa y devenida en  Testigo de Jehová (¿?)
Nos encontramos en una pizzería caleta (escondida y recatada) de Magdalena en donde tomamos un par de copas de vino mientras va pormenorizando su diaria lucha como mujer y en donde habla con soltura y hasta buen gusto de los temas que puedan ser de actualidad y cuando el vino hace lo suyo, que es relajarme hasta que pierda la perspectiva del todo y me fije sólo en ella, en su animal belleza, en su implícita y brutal sensualidad, pone discretamente la mano sobre mi pierna y me pregunta con cierta malicia, a dónde vamos.
Siempre es al mismo juego y al mismo sitio.
Es un buen hotel, cómodo, no muy caro, (aunque una vez casi me sacan un riñón por una botella de vino argentino) con jacuzzi y espejos por todos lados, en donde su figura hermosa se convierte en un calidoscopio de belleza y en donde pasamos unas horas que yo compenso con discreta caballerosidad, colocando en su cartera unos billetes.
Pero a la calma le sigue el temporal. El asunto siempre es a la contra.
Entonces ella llora. Sufre. Se desespera. No sabe como alcanzar el equilibrio entre su vida, sus creencias religiosas, que suelen ser muy fuertes (a veces temo que invoque a Jehová en pleno intercambio de pasiones y gemidos) y se pinta el atávico cuadro histérico en donde la culpa la ahoga y el mundano (ósea, el diablo) aparece por todos lados impidiendo su próxima llegada al cielo y condenándola a la estación del purgatorio hacia el averno.
Lágrimas de por medio, luego de un rato se calma, se levanta, pasea su desnudez con tranquila inocencia, se baña,  y se viste con cuidado, con esmero, poniendo entusiasmo y coquetería, arreglándose hasta lucir tan linda como suele ser, para regresar a las calle de los besos sin amor (*) a ganarse el pan como lo hace todo el focking mundo.
Como canta el Sabina: ando buscando una mujer, tan puta como yo….

(*) Fito Páez dixit (“Mas guapa que ninguna”)


H.D.P. 

DIARIO DE LA DESOCUPACION

Diario de la desocupación
Página trece. La palabra que nos define

“Todos conocen las palabras que arroban, las palabras que asustan, las palabras que hieren, -dice Luder- Sólo nos falta descubrir la palabra que mata”
(Julio Ramón Ribeyro)


En la película “El secreto de sus ojos” mientras los personajes de Pablo Sandoval y Benjamín Esposito, encarnados por Francella y Darín, buscan ubicar al asesino, revisando unas cartas que el sospechoso le ha escrito a su madre, descubren que un hombre puede cambiar de trabajo, mujer, hijos, familia, religión, o Dios pero que no puede renunciar a su pasión, porque ella es la que lo define por completo.
Conversaba con un amigo al que la vida le ha deparado pruebas (de esas que la sociedad se sabe servir para estigmatizar la pasión) y viendo su total capacidad de aceptación y de perdón hacía la mujer que lo destruía con sus sucesivos, sádicos y casi interminables juegos y desencantos (acto de fe al que lo conducía el más grande y crudo amor) sentí una tremenda revelación, acaso como un escalofrío en el alma, porque yo no era ni meridianamente capaz de realizar semejante acto de entrega y compasión.
¿No fue el mismo Jesucristo quien nos dio las claves de la más sublime aceptación?
Se lo explique a mi mejor amiga, tratando de hacerle comprender el cómo éramos simples marionetas de nuestros propios sentimientos y se me ocurrió preguntarle, cuál era la palabra que podría definirla en la totalidad de su pasión. Sin pensarlo me dijo ambición.
Entonces até los cabos –tema discutible por cierto para ser totalmente honesto- y entendí que como una desenfrenada yegua había entrado por la puerta de un escondido temor.
No era la ambición lo que podría identificarla (yo que la conozco se que es mas buena que el pan y un nudito de generosa dadivosidad) sino el miedo a ese fantasma de la humanidad que suelen ser la exacerbación de los deseos o los quereres, cuando no los bárbaros apegos en los que se esconde cualquier exagerado anhelo que se pueda convertir en tormento.
La palabra que nos define, es la obsesión que nos persigue. Porque puede ser la recompensa pero también el castigo. Porque te ilumina y te obscurece, porque es un plano de equilibrio.
La palabra que nos define es -como ese genial título de la última entrega de Pedro Almodóvar- es la piel que habitamos, pero que no mostramos, ya que nos delata, la que nos hace fuertes y débiles, pero a la vez, ciento por ciento humanos.
¿Cómo terminar estas líneas a las que acompaña en mi siempre necesaria cortina musical este temazo de Fito Páez, que se llama La ley de la vida?
¿Quieren saber cuál es la focking palabra de marras que me define?
La que ustedes quieran, soy lo que soy, no lo que quisiera ser, ni lo que se imaginaba mi padre, ni lo que haría feliz a mi vieja, ni lo que tranquilizaría a mis insensatas revanchas, a mis resentidos dragones cotidianos, yo soy lo que soy, yo simplemente soy.
¿Fe?

H.D.P.

26.9.11

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN


Diario de la desocupación
Página 12 - En torno a un poema de Borges




Poema a los Amigos

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuesta para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro. Pero cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías. tus triunfos y tus éxitos no son míos. pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomes en la vida. me limito a apoyarte a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, Pero sí te ofrezco ese espacio necesario para crecer.
No puedo evitar tu sufrimiento cuando alguna pena te parta el corazón, Pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser. Solamente puedo amarte como eres y ser tu amigo.
En estos días pensé en mis amigos y amigas, No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista. No eras el número uno ni el número final.
Dormir feliz. Emanar vibraciones de amor. Saber que estamos aquí de paso. Mejorar las relaciones.
Aprovechar las oportunidades. Escuchar al corazón. Acreditar la vida.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo. Gracias por serlo.

Jorge Luis Borges


Son muy pocas las personas que son capaces de cumplir con este precioso poema. De todo corazón he intentado hacer mías unas cuantas de éstas líneas. 
Yo, que se lo que es tirar la toalla cuando la amistad se convierte en desconsuelo, y aunque vivo agradecido a quienes me dieron su apoyo y soporte en momentos difíciles siento a veces que no puedo estar a la altura de lo que la sabiduría de Borges nos sugiere y lucho entonces, contra el fantasma, para no rendirme.
Confieso que en muchas ocasiones ha ganado mal el espectro de la decepción.
Ahora son menos las veces porque ya entendí con claridad lo que es realmente aceptar y a veces esto implica dejar ir, permitir y facilitar la experiencia para que las personas crezcan para evolucionar.
Ser amigo es recibir y entender tal cual, sin querernos cambiar.
Alguna vez hasta se han atrevido a sugerirme que no sea tan buena gente porque la gente piensa que ser bonachón es ser un gran tonto. Lo peor es que no me considero un sujeto con semejante virtud.
Mis hilachas en verdad son de lo más bravas y trabajo en silencio para iluminarlas y darles esperanza.
Lamento pues y desde aquí mi rendida excusa para todos aquellos a los que no podré satisfacer cambiando para encajar con su gusto.
Tampoco es que sea tan dramático y necesario el cambio.
Eso si, les digo que yo sería muy feliz de tenerlos como amigos, tal como son, bellos humanos perfectos de puro imperfectos.

H.D.P.

(Para Alma Libre que envió generosamente este poema a mi correo y para G. a quien espero ver en el futuro en su verdadera dimensión de ser de luz)

15.9.11

DIARIO DE LA DESOCUPACION


Diario de la desocupación
Página 11 - Dejando a los condenaditos


Es inevitable, que tarde o temprano, las personas que conocemos (que incluso amamos) se conviertan en personajes de ficción, en el esbozo de una actitud o en en el juego de una conducta. Me es duro reconocer que hago lo indecible por sacar a la gente de sus propias miserias, que con todas mis fallas y dudas, me las juego y les lanzo el salvavidas (lo que no debo hacer porque interrumpo su necesario aprendizaje y porque es como darle ambrosía a quienes desconocen el sentido de la exquisitez) y que al final tengo que recibir con la misma paciencia de los desengaños pasajeros resultados nada deseados para darle la bienvenida a la desilusión que me produce verlos irse tan ciegamente a la mismísima mierda. (Perdón por el francés)
Tal vez sea su trabajo tan sucio escarceo. Es su naturaleza. 
En estos últimos meses que preceden a mi separación conyugal, he tratado con diversos tipos de personas. 
En el caso de las mujeres, he clavado mi espada sin piedad sobre damas de años en declive (algunas muy bien conservadas) y sobre jovencitas cuyos senos parecen los de una madre rudimentaria. Y todo fue igual. Nada que crezca.
Porque -como canta el Joaquin- sólo los amores que matan nunca mueren. 
En el específico caso de Patricia (mi ex-esposa y la que fuera el gran amor de mi vida) ha terminado por ser una versión de Kathy Bates en Misery pero flaca (no por dietas bien estructuradas sino porque prefiere gastarse el dinero en ropa más que en su propia mejora como ser humano y de la cual he decidido divorciarme cuanto antes, porque lo último que quiere mi cuerpo ya muerto es que llore como boluda en mi muy feliz velorio) porque verla tan distinta me causa una tristeza del órdago, una lástima atroz, la sensación del fracaso absoluto y  una ausencia de brillo que causa pánico.
Y en el caso de otras mujeres que se acercaron a mis deseos (siempre enhiestos) sólo me queda pedirle a las jerarquías de allá arriba, que no las dejen autodestruirse tan mal, tan bobamente, tan pobremente aferradas a la nave del arribismo que les produce el creer que con un poco de dinero ganado con entrepiernas, van a dejar de ser algún día, inexorablemente las coristas de su propia tragedia.
De mis amigos del mismo genero hago mención en Jorge, brutalmente buen pata, y en Pedro, siempre lleno de una sabiduría impresionante y de otros como Luchito  que ha sabido ser el compañero que te escucha para decirte en silencio que no estas solo, que el clan te respalda y que la vida espera aún lo mejor de ti, de cada uno de nosotros, porque fuimos hechos para sacarle la máscara veneciana a una civilización ya bastante ajada. 
Citó a mi amigo: Abel Peralta Quiroz -que conecta mis bienes personales con los suyos en las setenteras ideas- y a la gente de izquierda con los que compartiremos siempre la próxima revolución de los verdaderos grandes cambios o la definitiva noche de los cuchillos largos que nos libere de tanta indiferente y gananciosa basura de la humanidad. 
He de seguir escribiendo la gran novela. Es mi trabajo. 
Lamento que pasen a la ficción mis musas de estos días. Pero ya no puedo seguir siendo su nano o niñero. 
Sorry, yo tengo que partir a otros continenetes cósmicos que me esperan hace más de veinte años. 
Tengo que dejar bien asegurado y protegido a mi hijo, el Gonza,  que tendrá que ser algo así como el Neo tranquilo y buenagente, de este nuevo triunfo de la raza en donde la matrix de los espejismos es una cosa del pasado que recreamos como si fuera -decía- la ficción que destroza la realidad para darle tu ansiada liberación. 

H.D.P.