27.9.12

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN



Diario de la desocupación
Página 19: Teoría del Rimember

Mientras secaba un Luigi Bosca, Malbec (en súper-oferta con 70% de descuento, te sale a 20 mangos) conversaba con mi buen amigo Lalo disfrutando su auto del año, bacán, reluciente, brillante, recién comprado.
Lalo es un magnífico profesional. Un buen cirujano que ha llegado a los sesenta pirulos, ensolterado por un divorcio anunciado, desde que frisando la cuarentena se le ocurrió unir su vida, con cura y alcalde de por medio, a la de una mujer veinte años menor que el  y de muy distinta condición cultural, psicológica y social.
Ella era una huachafita, hubiera dicho mi viejo y tiene demasiado acento de paisana, diría mi madre. Nada más lejos de la desnudez de una certeza para este caso.
La verdad es que eran diametralmente opuestos y sólo ese amor verdadero (que cantaban los trovadores provenzales empachados en excesivo chocolate) quizás les habría cedido la oportunidad de sobrevivir como pareja.
Decepciones van y vienen. Terminaron más distanciados que poetas y políticos en congreso de semiotecnias. Así de mal.
Calamaro canta, que todo lo que termina, termina mal. Estoy de acuerdo.
Lo que le sucede a los finales, si por casualidad se reactivan, es unas muy malas segundas partes o re-estrenos de fría calentura.
Odiosas recriminaciones como flechas de fuego.
Pasado unos calendarios de sucesivos y espaciados, choques y fugas con diferentes damas de variado pelambre, Lalo se ha vuelto a enamorar.
Luego de pasarse la vida en el gimnasio, conservando un buen estado físico, alimentando una cultureta con la profundidad de un plato de sopa y de ser uno de esos fieles inalterables tíos que van a la iglesia de Los Heraldos del Evangelio, todos los domingos a las siete (no como en el vals,que reza; cada domingo, a las doce, para verte pasar después de la misa) Lalo sigue siendo el buen tipo que era, sano, decente y de actuar siempre correcto.
Esta vez la tipa es menor por cuarenta años (no encuentro la filia correcta pero debe ser algo así como filoveinteañera o la famosa turbación senil por las carnes frescas)
Dependienta y cajera de una panadería de las que usan bromatos prohibidos de seguro. Ricotona, a la primera lengua de candela, de la lascivia que embriaga con la botella del diablo. 
Luego de salir un corto tiempo en el que Lalo confiesa haber tocado las puertas del cielo al gozar con la ternura de sus besos, me cuenta que visitó el quinto infierno cuando la muchacha ensopada en vodka (y de seguro con un par de estimulantes aspiraciones) le había cantado las coplas de la mujer maldita, con tal uso de gestos (y como mordiendo las palabras con mandíbula de fiera) que había salido volando de la situación romántica, metiendo el acelerador como lo haría un buen piloto de carreras en Le Mans.  
-No quería, pero me he encamotado- dijo encendiendo el undécimo cigarrillo de la noche (Lalo ha vuelto a fumar, ha bajado como diez kilos y hay en sus ojos buenos un ligero brillo de ansiedad como el de los infantes cuando les falta su implacable mamá castigadora)
-Y ella se ha dedicado al trago- añadió, -no me gusta eso, no me gusta- repetía como consternado
- Bueno, le dije, poniendo cara de banquero que teme dar un préstamo, con un solicitante poco seguro, para preguntarle, así  como quien no quiere la cosa…
-¿Y no te apetecería un buen rimember?-
A lo que Lalo respondió, claro, cómo no (sus ojos brillaban como con un endemoniado éxtasis de rijosidad) pero a una dama no se le pide eso, jamás, añadió resignado.
Debo confesar que alguna vez, instigado por mi prima más querida, observé las nuevas fotos de mi ex esposa en su facebook, utilizando el de mi hijo que la cuenta como uno de sus pocos contactos.  
Lucía su bonito derriere (reconozco que siempre lo tuvo lindo) y entonces, algunos animalitos se agolparon en mis sentidos reclamándome, exigiéndome, como deseando saborear otra vez ese cuerpo que alguna vez fue mío, tanto como mi propia sombra.
Los mande callar porque siempre se debe respetar las vidas que dejamos atrás y porque el Remimber solo se justifica si cuenta como mecenas y promotor al legítimo amor, cuando éste es como UNA LUZ ABSOLUTA Y TOTALIZADORA. 
Las uniones disparatadas (la diferencia de edades tan abismal o extracciones de clase tan distintas) tienden a empujarnos hacia la búsqueda desmesurada del placer, lo que tarde o temprano (siempre más pronto de lo que uno se imagina) nos conducirá al otro extremo, es decir a un inevitable (pero aleccionador) dolor.
No soy de los que dan consejos (y menos gratis) No es mi negocio.
Creo que sería para mi, una forma absurda de compromiso. Creo que todos debemos pasar por los procesos que nos enfilan hacia nuestra real necesidad de aprendizaje. 
Creo que está mal el interferir en lo que va a plenar, inexorablemente, la vida de los otros.
Sin embargo es bueno entender que al enterarme sin querer de estas cosas (y eso nos pasa a todos) hay una clave que debo interpretar y que es lo que constituye mi trabajo:
No dejes que la pasión te domine hasta neutralizar tu razón, sino arrasará con tus días como la estirpe condenada de los Buendía del Gabo, a cien años de soledad.
Aunque por lo demás, nadie ha de despojarte, de lo bailado, lo sentido, lo gozado. Tu lección son tus elecciones. 
Say no more.
H.D.P.

19.9.12

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN








Diario de la desocupación


Pagina 18: Otra vez, el sueño...

Ayer, y en menos de una semana, he vuelto a soñar otra vez con mi padre. Para nadie es un secreto que yo tenía un vínculo muy especial con el, pese a nuestros constantes desencuentros.
En el sueño lo acompañaba Eddy Arturo casi como un hermano para mi, y su intención era (en esas conversaciones borrosas y fellinescas de los juegos oníricos) que me entrevistara con mi ex esposa Patricia, para reconcili
arnos al momento.
La sola idea era radicalmente absurda, no solo porque entre ella y yo, no hay posibilidad de ser ni siquiera ligeros conocidos (para mi son patéticos esos boludos o esas boludas que dan vueltas de trescientos mangos alrededor de sus ex, con tortuosas intenciones) y además la principal enseñanza que más recuerdo de mi viejo, es la del humo que tanto nos gusta, el solía decir que un buen fumador no prende un cigarrillo que ya se ha apagado. Por eso que su proposición era extraña. Y obligaba a la interpretación.
Desperté otra vez con esa sensación que mordisquea mi cuerpo cuando van a iluminarme con cierta liberación. Claridad.
Escribí un par de mensajes en el Imbox (había dejado la notebook prendida, sobre la cama) y elimine una serie de contactos poco necesarios pero que me aseguraban el absoluto olvido que requiere todo lo que además de fastidiarnos se convierte en lastre.
Y es que siempre pero siempre:
El cartero llama solamente dos veces. El año pasado, en un momento de debilidad Malbec argentino, le ofrecí una pensión a mi ex-esposa, ella como chola orgullosa de la tribu de los chancas, me contestó, esa plata dásela a nuestro hijo, yo de ti no quiero nada.
Y me salvó el primer llamado del cartero.
Si ella hubiera aceptado ese dinero, iba a significar una serie de idas y vueltas y la posibilidad que en la primera de bastos termináramos en la cama (yo hecho un hamster, feliz en el celo de la hembra y luego muerto pasado el mismo) y todo se me iba a complicar como antes de estos tiempos de vino, gloria y rosas.
Este año le ofrecí mi casa a una dama. Segundo timbrazo del cartero, ella no quiso porque no entraban sus cosas en mi departamento (una serie de cacharpas de los tiempos de Morales Bermúdez) y porque mi divorcio no estaba ni siquiera en trámite (ustedes comprenden que no soy muy disciplinado que digamos)
y ahora que veo todo desde otra perspectiva se que eso hubiera sido la mejor representación del infierno con fondo de Sabina.
Se que no va a haber un tercer golpe y tengo que ir con pies de plomo en cualquier decisión que vaya a tomar. Lección aprendida.
Mira papá, o pá, como te decía, ya he entendido, si te me vuelves a presentar cuando este en los brazos de Morfea (solo un marica puede estar en los de Morfeo) voy a pensar que ya me toca mudarme al barrio que esta más allá de las estrellas.
Sigo adelante, yo no rompo promesas (hay gente que me facilita las cosas haciendo ese sucio trabajo) estate tranquilo que no he renunciado al mundo que dibujábamos con un lápiz, no te impacientes porque tu historia y tu verdad serán conocidas por el mundo entero, la novela va viento en popa, nada ha cambiado.
Este viernes me la voy a pegar con mi amigo Abel  y mañana iré de visita -como todos los jueves- donde mi tía María y mi tío Orestes, y en todas las noches limeñas comparto las ilusiones, mis soledades y mil proyectos con ese nieto fabuloso del que te vanaglorias en los confortables salones de lo eterno (y que ahora despierta las mezquinas pequeñas envidias, ya te contaré luego) y que hace del aprendizaje cotidiano una fuente inagotable como un maná desatado y tierno, de improvisados maestros, a quienes agradezco, lo bueno y lo malvado, porque plenan mi inalterable fe, despiertan mis escondidos talentos, alimentan mis furias y me hacen un tipo que siempre baila de contento aunque la tormenta del desamor no amaine.
 

7.9.12

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN


Diario de la desocupación

Página 17: Espinosa Espiritualidad





Hace años, cuando era un niño, un gordito bastante lacroso por cierto  (lo de lacroso dura hasta estos  tiempos de vino y rosas) se presentaron un par de curas a mi colegio de primaria.
Estudiaba yo en un pequeño negocio propiedad de un par de tías solteronas, castísimas, que como marca registrada usaban, para sus centros de desasnamiento,  los comerciales nombres de las vírgenes,  santos y señores  más rankeados,  Del Pilar, Del Carmen, De Lurén, De la Merced, De la Reconciliación y de la Reparinpanputa que las parió.
Así  pues que tan ligadas como andaban con Dios (*1) y la jerarquía eclesiástica que dice representarlo, cada año sometían a los alumnos del quinto de primaria a una especie de prueba o test  de vocación sacerdotal.
Los recuerdo como si los estuviese viendo, con sus sotanas mariconas, casposos, con esa mirada culposa del onanismo desmedido, con esa mentirosa vocación para la nada que tienen los fantasmas, los farsantes y los que pretenden agitarnos la conciencia.
Con su acento español de cinco esquinas y su actitud de aprovecharse de la sorpresa que nos presenta lo desconocido, repartieron en las carpetas, una especie de examen impreso que supuestamente iba a medir quienes de nosotros estábamos más cerca de Dios (*2)
El más desagradable de los dos se acercó a mi sitio y me dijo suavemente, que yo podía salir, que estaba exonerado del proceso. Y yo, feliz,  me fui al patio con mi pequeña pelotita y mientras mis compañeros eran testeados para ver su proximidad a Dios (*3), yo me jugué la final del mundial imaginario y logre darle el pase del gol, al Cholo Sotil, con el que fuimos por única vez, en nuestra jodida historia pelotera, campeones mundiales de futbol.
Años más tarde medité mucho sobre el tema y como yo era un intelectual y era un poeta y era de izquierda, joder, que tenía que ser ateo, y joder que después me volví agnóstico porque sonaba vargallosianamente más bonito y hasta tenía más estilo y más caché.
Creencias y poses que me duraron hasta cuando  mi viejo  fue llamado a su juicio personal siendo tan joven y decidí reconciliarme con Dios (*4) y hasta me casé por la iglesia, con misa, coro, y vestido de posible víctima para la inexorable mala sangre que nos causa la desmedida ilusión.
Incluso comencé a ir a misa, un par de veces por semana, a las doce como en el vals huachafo,  y tuve el atrevimiento de querer comulgar y hasta intente confesarme.
De seguro estaba embalado con semejante guiño al cinismo y con esa facundia de los buenos escribidores estaba relatándole mi dolce vita al hombre escondido tras la redecilla (confieso que en mi primera comunión me senté en el reclinatorio pensando que era una sillita para el alma aún enana) y de pronto el ibérico exclamo, hijo, por dios, que lo tuyo no tiene perdón del cielo.
Que no me joda. Quién, que no haya vivido con cierta intensidad, no sabe de los estragos del Cali Pachanguero (*5) de las noches de tiros sin pistolas. Quién, que no haya tomado como para una noches loca de copas, no se despierta en medio de dos cholas anónimas, o de alguna fauna femenina de saldo y esquina.
El sobresalto del  ensonatanado, con ese falsete delator obviamente homosexual, no venía al caso. Pero era evidente para un templo que representa las ruinas del perdón y la indulgencia.
Años más tarde, la metafísica,  con nombre, libros y maestros indexados,  me buscó sin que yo lo deseara y hasta ahora –cuchumil años después-  lo único que he podido determinar es que ni siquiera puedo domesticar mi inquieta esencia tan llena de debilidades y de inventarios de tinieblas y que la vida se me presenta tan deseable como la mirada apasionada de la desnudez del amor, o tan detestable como el levantarme de la cama tibia y protectora para ir a trabajar al mundo de la desprotección que es esta puta jungla de frío cemento.
El mejor consejo que suelo dar es que no me pidan consejos. No tengo autoridad moral, vocación de psicoanalista, tiempo, ni dinero para semejantes excentricidades.
Te digo, loco, loquita o whatever, que un loco es faltamente loco, así como un sabio es fatalmente sabio y que el mundo está lleno de buenas voluntades regadas por  las aceras de las buenas intenciones que han empedrado el camino de todos los infiernos.
Estamos rodeados y podridos en la más hedionda y adictiva hipocresía de querer vendernos como buenos sin importar el costo y por eso repartimos sentencias y juicios que no son más que la  auto sentencia del propio desmadre. 
Libérate siendo feliz y cumpliendo la tarea que se te ha encomendado desde que viniste a este planeta escuela, que es salvar al mundo salvando tu propia vida.
El cómo es lo que nos hará distintos. Usa tu propia fe.
Pero siempre entendiendo que no podemos huevear a nadie y menos a Dios (*6)
Say no more.
(*1)  El Padre celestial, para estas tías era como un socio secreto.
(*2) El viejo para nosotros era como un profesor con una larga palmeta.
(*3) El hombre de arriba para mis amigos seleccionados para ser futuros curas fue como el dueño de la hostería que se olvida siempre  servir el almuerzo y todos desertaron de su vocación religiosa unos pocos años más tarde
(*4) Desde ese entonces Él  y  yo estamos en paz, es más, yo diría que me engríe en exceso, siendo tan generoso y tolerante con mis diarias impertinencias.
(*5) Taquicardia e insomnio que se presenta la resaca después del uso y abuso de la cocaína
(*6) Dios no les cree nada a esa cáfila de pelotudos que andan regalándoles cosas a los niños pobres  (de Ripley, a crédito) o que se visten de morado en octubre, mientras en la misa del domingo le miran el trasero  (escaneándoselo) a la feligresa de la fila de adelante.
H.D.P. 

24.11.11

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN

Diario de la desocupación
Página 16: Las claves del Supermercado Plaza Vea

Hablaba del pasado, hace unos días. Se me presenta por etapas. 
Me encuentro con mi buen amigo (del barrio y de la adolescencia) Guillermo Tejada en Plaza Vea de la Av. Brasil, el que corresponde a Jesús María. 
El Guille era un palomilla de chico. En la secundaria se le dio por evolucionar y agarró una disciplina de estudios brava. Le pusimos el Tío Rukakaro porque nunca salía de su cueva. Estudiaba porque ya era inherente a su contexto. Como consecuencia se convirtió en un brillante Ingeniero Electrónico y en uno de los mejores catedráticos de San Marcos. 
Es uno de mis amigos más queridos y su presencia y palabra medida y exacta son claridad pura, más aún, viniendo de un tipazo como el. 
Porque Guillermo siempre fue un pata bien derecho y un hombre decente. 
Hablamos unos minutos que bastan y sobran para entender la clave. 
El es un ejemplo de estructura, lo que me falta. Yo todavía estoy duro y necesito prepararme con ahínco y voluntad de hierro para esas lides.
Ahí nomás, en el mismo sitio, en el susodicho Supermercado me encuentro con un amigo del colegio, Daniel Zambrano, un condiscípulo que ha hecho mucho por armar las asociaciones de Ex-Alumnos del Alejandro O. Deustua. 
Amante del arte y la literatura, así como su hijo, escribe y baila y canta y bien. 
Mario Benedetti es parte de nuestra amistad y en su poesía y en la comunión de una buena conversación en el Romeo (con dos cafés buenazos) reencontramos las huellas de los pasos perdidos evocando pretéritos romances y juegos idos.
Re-descubro mi clave permanente, asumir la bendición de trabajar en lo que me ha gustado siempre, en aquellas cosas en las que -prácticamente- dejo mi vida.
El tercer asomo, son una pareja a la que la una simpática cajera del sitio, decide atender antes que a mi porque el caballero está usando unas muletas. Estoy -sin darme cuenta- en la caja destinada para atenciones especiales. Preñadas, mujeres con bebe, cocharcas latosos, discapacitados y quiñados de ocasión. 
Lo acabo de borrar del facebook, en ese afán mío de contar con sólo 999 amigos. Cosas de mi excentricidad. Nada personal con nadie. Es un juego de superchería. 
Sin embargo reconozco en su esposa a la guapa joven, Liliana, compañera del secundario de mi ex-pareja. Un poco ya cargando años se mantiene atractiva pero señorona.
El, Luis, luce más o menos igual, indefinido entre las clasificaciones de edades obvias.
Lo de los aparatos ortopédicos puede deberse a un accidente automovilístico o a esas lesiones que se hacen los machos cuando se entusiasman en exceso con el fulbito y terminan pateando una piedra y desarreglándose un músculo.
No se si me reconocen o no. Tampoco me importa mucho, aunque siento que me miran de reojo mientras aguardo para recargar el celular. Los observo de soslayo.
Llevan un par de cosas: envases plásticos transparentes en los que distingo que esa noche van a cenar pastel de acelgas y ensalada de fideo fusili tricolor. Y entonces, entiendo. Se enciende lucecitas en mi pensamiento.
No hubiera querido vivir y tener ese cuadro en mi vida. Ya no más. Soy un focking espíritu libre al que esas actividades maritales de antiguos y reposados amantes, espanta como si se tratara de una peste fulminante o de una arma mortal. 
Y aunque a mi me costó arrancarme esa sensación a tiramisú de limón que te da el enamoramiento burro y ciego, era obvio que mi trabajo estaba por otros lares.
Nadie tiene la culpa de que se cumpla el destino. De que emprendamos nuestros reales propósitos. Es una elección permanente la de un legítimo buen día. 
Pude haber pasado otros veinte años más fingiendo ser amable, pero era hora de hacerme de la fuerza y de la fe para ordenar y desarrollar lo que tanto anhelo.
Y para eso, tan sólo me queda sacar de mi mochila el tiempo pasado y dejarlo en el mostrador en donde se olvidan finalmente todas esas cosas. 
Ese es el precio de la pretensión ilusa de ser brevemente feliz. 
Esta es la vida que escojo vivir.
Sin excusas, culpas, o lamentaciones.


H.D.P.

31.10.11

DIARIO DE LA DESOCUPACIÓN









Diario de la desocupación
Página 15 - Talento desperdiciado




Mi hijo es un prodigio de orden personal. Su inteligencia es dirigida. Aunque para cuestiones de plata se parece mucho más a su mamá, no somos ni siquiera similares en asuntos intelectuales. Como decía mi padre, la mía es una inteligencia anarquista, explosiva, vaga y aplicada a lo contra productivo. Decía que yo andaba urgido de estructura, por no decir que era de una indisciplina del carajo. Y ahora que lo veo realizarse como hombre y que no falta un día en qué algún buen amigo (o cariñosa amiga) me diga que me encanta perder plata, que "merecería" mucho más metálico del que tengo o del que me importa, no hago sino comprobar que lo mío pasa por la rebelión del conforme que no se dejo jamás seducir por las exuberantes curvas del dinero. Debo sentirme diferente por que yo no gane ni perdí en el juego, simplemente abandoné la mesa del póker de esa vida de las apariencias en las que nos envuelve el circulante, por irme tras de las verdades absolutas, o de las razones de mis quereres, porque era un jugador inapelable del placer y porque me gusta ser tan transparente que no hay nada que mejor me represente que un libro de poemas autografiado por Sabina, los cuentos de Ribeyro, la inminencia del cambio de todas las cosas o el afecto de mis partners.

H.D.P.

3.10.11

DIARIO DE LA DESOCUPACION


Diario de la desocupación
Página catorce – Una cualquiera como todos.

Es Flor. Aunque ya no es una flor. Tampoco es que ande marchita, digamos que a sus treinta y tantos marzos, aún rebosan los pétalos de su personal quimera. Es una edad ideal porque en la línea de los veinte mis musas suelen ser tan excesivas que tranquilamente yo pudiera parecer un tío paseando a la sobrina. Y que pasadas las cuatro décadas, a las damas que me inspiran les da por la religión –new age con toques de metafísica- y entonces todo lo ven besitos y chispitas de luz, o sino les da por la manipulación con rostro de inocencia, para hacerte sentir culpas de algo que ni siquiera has pensado hacer o lo que es peor, por el cinismo de la mujer que  siente que para ser moderna, tiene que ser practica hasta niveles bastante pobres en donde se desdibujan las señales de la moral,  la ética y la cultura. Y no es que estas cosas me parezcan importantes, lo que me parece detestable es hacer alardes.
Pero vuelvo a Flor, que sabe que me puede llamar los lunes de las primeras semanas del mes (que es cuando cambio el cheque de esclavo liberto para cobrar las monedas que pagan mis holgadas modestias) y que además de un buen trato amical, en donde puedo hacer las veces de psicólogo y confesor (me debo parecer al personaje de la novela “El corazón es un cazador solitario” de Carson Mcullers, el sordomudo al que la gente le hablaba y le contaban sus problemas porque pensaban que sabía escuchar y yo, como el,  soy  una tapia) también le cumplo como todo buen cliente. Porque Flor se dedica al meretricio, legal, con carné de sanidad y todo lo que la ley demande al caso, y además es una rabiosa practicante de su fe, hace pocos años conversa y devenida en  Testigo de Jehová (¿?)
Nos encontramos en una pizzería caleta (escondida y recatada) de Magdalena en donde tomamos un par de copas de vino mientras va pormenorizando su diaria lucha como mujer y en donde habla con soltura y hasta buen gusto de los temas que puedan ser de actualidad y cuando el vino hace lo suyo, que es relajarme hasta que pierda la perspectiva del todo y me fije sólo en ella, en su animal belleza, en su implícita y brutal sensualidad, pone discretamente la mano sobre mi pierna y me pregunta con cierta malicia, a dónde vamos.
Siempre es al mismo juego y al mismo sitio.
Es un buen hotel, cómodo, no muy caro, (aunque una vez casi me sacan un riñón por una botella de vino argentino) con jacuzzi y espejos por todos lados, en donde su figura hermosa se convierte en un calidoscopio de belleza y en donde pasamos unas horas que yo compenso con discreta caballerosidad, colocando en su cartera unos billetes.
Pero a la calma le sigue el temporal. El asunto siempre es a la contra.
Entonces ella llora. Sufre. Se desespera. No sabe como alcanzar el equilibrio entre su vida, sus creencias religiosas, que suelen ser muy fuertes (a veces temo que invoque a Jehová en pleno intercambio de pasiones y gemidos) y se pinta el atávico cuadro histérico en donde la culpa la ahoga y el mundano (ósea, el diablo) aparece por todos lados impidiendo su próxima llegada al cielo y condenándola a la estación del purgatorio hacia el averno.
Lágrimas de por medio, luego de un rato se calma, se levanta, pasea su desnudez con tranquila inocencia, se baña,  y se viste con cuidado, con esmero, poniendo entusiasmo y coquetería, arreglándose hasta lucir tan linda como suele ser, para regresar a las calle de los besos sin amor (*) a ganarse el pan como lo hace todo el focking mundo.
Como canta el Sabina: ando buscando una mujer, tan puta como yo….

(*) Fito Páez dixit (“Mas guapa que ninguna”)


H.D.P.